“Una película para visibilizar, hablar, pensar y reflexionar”

Diego Lerman, director de Refugiado, nos cuenta en esta entrevista por qué decidió filmar una historia atravesada por la violencia de género. También habla de su incorporación a la campaña “Únete para poner fin a la violencia contra las mujeres”, del secretario general de Naciones Unidas, a partir de la cual el film está siendo exhibido en numerosos espacios de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano promoviendo reflexiones y debates. Los desafíos de un proyecto focalizado en la mirada de un niño.

Por Belén Spinetta

COMUNICAR IGUALDAD- ¿Por qué decidiste abordar la problemática de la violencia contra las mujeres?

Diego Lerman: Siempre digo que ésta es una película que más que buscarla, me buscó a mí. Hace unos años yo acababa de terminar otra película –La Mirada Invisible– y estaba trabajando en otros guiones, cuando una mañana llego a nuestra productora –por ese entonces ubicada en Paraguay y Malabia- y me encuentro prácticamente en la puerta con que había sangre, estaban los medios y cuando pregunto qué pasó me cuentan que un hombre disfrazado de viejo le había disparado a su ex mujer que acababa de dejar a las hijas de ambos en el colegio de enfrente. Lo primero fue la conmoción por un acto de violencia y sobre todo muy cercano; fue un caso que tuvo mucha resonancia en los medios, el de Corina Fernández, el hombre fue condenado y ella al final sobrevivió milagrosamente. Un poco intuitivamente, cómo me ha pasado otras veces, empecé a investigar y decidí escribir este guion.

¿Cómo fue ese proceso de investigación y tu acercamiento al conocimiento del tema?

DL: Fue una investigación bastante larga a partir de la que conocí a otras mujeres, otros casos, testimonios, me enteré de la existencia de los refugios, accedí a varios de ellos y después empecé a contactar a gente que trabajaba en la temática. Alguien central fue Ester Mancera que cuando empezó a trabajar con nosotros yo ya había escrito el guion; con ella hicimos varios seminarios y distintas cosas, yo ya con la certeza de que quería filmar la película. Después empezamos con la búsqueda de financiación y por ahí uno de los desafíos que tenía la película es que uno de los protagonistas era el nene, y bueno hacer una película con un niño no es nada fácil, genera mucha incertidumbre respecto al proyecto. Fue una búsqueda larga hasta que finalmente este año la filmamos.

El foco de la película está puesto justamente en un niño, el hijo de la mujer víctima de violencia. ¿Por qué decidiste contar la historia desde esa perspectiva?

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Diego Lerman durante el rodaje

DL: Hay algo que siempre me atrae de la mirada general de los niños, de cómo ven las cosas, de ese lugar de construcción de la realidad y sobre todo de interrogación. Interrogan ciertas cuestiones que en el mundo adulto están dadas y bueno sobre todo a esa edad, a la edad del protagonista, lo que me seduce mucho y me conmueve mucho de la mirada infantil es ese lugar de interrogación y en algún punto de cuestionamiento del status quo. Esa mirada yo la quería abordar de alguna manera y en este proyecto encontré que era un lugar desde el que me sentía cómodo y desde el que me interesaba contar una historia de este tipo; la idea de que por un lado el personaje del nene es víctima y por el otro lado es un futuro hombre, y cierta incógnita acerca de qué tipo de hombre será, si replicará o no la historia o si por el contrario lo enfrentará. También la idea de que si bien “Matías” es víctima y está metido en el drama no es una parte activa, por momentos es llevado por el personaje de “Laura” a distintos lugares, la que toma las decisiones es la madre, y de golpe se permite lo lúdico, lugares de juego desde los que él se conecta. Y este arco de transformación que tiene, donde por ahí al principio es más inocente, hasta el final donde interviene y toma decisiones muy concretas.

¿Cómo fue encontrarte con el actor, Sebastián Molinaro, y trabajar con él con apenas 8 años?

DL: Era el gran desafío. En el cine siempre hay como una máxima que circula entre la gente, de nunca trabajar ni con nenes, ni con animales, ni con gente muy grande porque te puede complicar la vida. Yo en este caso quería explícitamente trabajar con un niño y de hecho monté el proyecto casi en torno a la selección del nene. Y bueno, lo que iniciamos fue una búsqueda con mucha conciencia de todo lo que se jugaba ahí. Fue un casting bastante largo porque por ahí cuando estás lidiando con actores y tenés que elegir un personaje, más o menos sabés, pero en este caso era un nene, era algo mucho más del orden de la intuición. Y cuando apareció Sebastián sucedió eso, algo muy intuitivo: hizo todo lo no recomendable de hacer en un casting, mucho quilombo –se paró, empezó a saltar- era muy difícil que esté delante de la cámara y cuando medianamente lo logramos es que empezó, dijo cuatro cosas muy contundentes y muy conmovedoras y eso fue lo que me decidió.

¿Cómo fue la incorporación de Julieta Díaz y el trabajo con ella?

DL: Primero fue la elección de Sebastián y trabajar con él en la preparación, tener un vínculo, empezar a probar a partir de juegos y cuando ya estuvo la idea de proponerle concretamente el rol, de charlar con los padres acerca de la experiencia de la película, fue buscar una actriz pensándola en función de eso. Ahí apareció el nombre de Julieta que se incorporó en diciembre. Con ella fuimos a la OVD (Oficina de Violencia Doméstica), fuimos a lugares incluso que yo ya había estado como el refugio de Ciudad de Buenos Aires, el refugio de Lomas de Zamora; se contactó y tuvimos charlas con algunas mujeres que habían pasado por situación de refugio o con las que habíamos hecho seminarios. Hablaron con Julieta para que les den también sus testimonios y ella pudiese tomar esas experiencias para componer el personaje. Y bueno, muchas charlas, ensayos, lo conoció a Sebastián, se relacionó con él; empezamos a hacer como un juego de a tres con ciertas reglas básicas cómo no mirar a la cámara, improvisar algunas situaciones. Fue un proceso bastante intenso de casi dos meses y en febrero empezamos a filmar.

Algo importante que tiene la película es que muchas de las mujeres que aparecen, en papeles secundarios o cómo extras,  son mujeres que atravesaron situaciones de violencia de género. ¿Por qué tomaste la decisión de incluirlas?

DL: A mi hay algo que me interesaba y lo decía abiertamente a todos los que se me iban cruzando, iban apareciendo en el proyecto, era que yo quería ir incorporando todo lo que fuese surgiendo. La mayoría de las mujeres que aparecen en el refugio, estuvieron en esta situación, brindaron su testimonio de una manera muy generosa porque yo estaba en una búsqueda, en la construcción de una película que se nutrió mucho de esos testimonios. No podía poner a todas las mujeres que fui entrevistando o conociendo, pero sí me parecía que la película partiendo de una realidad bastante cruda, dura y actual, sea una manera de relacionarse desde otro lado con lo que habían vivido.  

¿Por qué desde la productora El Campo Cine deciden sumarse a la campaña de la ONU “Únete para poner fin a la violencia contra las mujeres”?

DL: Cuándo estábamos con el estreno recibimos muchos apoyos, uno fue concretamente de la ONU que se quisieron sumar a distintas acciones y vino la propuesta de poder usar la película para algo que para mí es muy importante que es que sea también una herramienta para todas aquellas personas que sientan que puedan utilizarla en función de visibilizar la temática, que se pueda hablar, pensar, reflexionar. Y dentro del marco de los apoyos que tuvo el estreno, contar la película que habíamos hecho, nos propusieron sumarnos a esta campaña que desconocíamos, y nos pareció interesante participar en el marco de todo el trabajo, la investigación y la película que había hecho.

En la Argentina una mujer es asesinada por razones de género cada 30 horas. A partir del recorrido y la experiencia que fuiste adquirieron para rodar esta película, de los testimonios que escuchaste, ¿Qué caminos pensás que falta recorrer para poder frenar esta violencia?

DL: La verdad que las soluciones no se bien cuáles serían, me parece que en todo caso es un conjunto de cosas. Hablo desde este lugar de que yo me relacioné en los últimos cuatro años con la temática y puntualmente a partir de investigar para hacer una película. Por un lado en estos cuatro años lo que vi es que hubo un avance en un montón de cosas que empezaron a aparecer, cómo la OVD, una línea telefónica nacional, refugios que se abren nuevos como el de Lomas de Zamora y hay un montón de gente que hace un trabajo conmovedor de contención. Y por otro lado, y al mismo tiempo, también ver que la magnitud del problema hace que pareciese que muchas veces no alcanza todo aquello que se hace desde el Estado y algunas ONG. Entonces me parece que por un lado es visibilizar, que se pueda hablar, y a su vez reconocer algo social que creo que es de diferentes lados…. la educación por ejemplo, me parece que cuanto antes se empiece a hablar, cuántos más temprano es mejor, incorporarlo a la vida escolar. Pero como te digo creo que es un conjunto de cosas…muchos casos que me contaron es que las sanciones son pocas, o no alcanza con la cantidad de refugios que hay. En cuanto a recursos creo que es eso, ver que hay un largo camino hecho y que por el otro lado la sensación de que las estadísticas y las víctimas que hay sobrepasan a la contención que se está dando hoy.

Nota central:

“Refugiado” al servicio de la desnaturalización de la violencia

1 Comentario

  1. Tu hijo sin derechos:

    Otra peli interesantísima que conjuga violencia mediática con violencia de género y sus causas, es «Perdida» (2014) con Ben Affleck y Rosamund Pike.

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