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“Queremos dar la imagen de una mujer más compleja, que no se quede en papeles secundarios”
Estuvo recientemente en Buenos Aires Mariel Maciá, reconocida guionista, directora y productora nacida en Salta (Argentina) que actualmente vive en Europa. Maciá estuvo participando del Mercado de cine Ventana Sur, donde presentó el trabajo que viene realizando como responsable de la Red de Mujeres Iberoamericanas del Cine y Medios Audiovisuales.
Por Krizia Puig
COMUNICAR IGUAL– Mariel había pasado la tarde de reunión en reunión. Al llegar, estaba rodeada de decenas de cáscaras de maní. Vacías, daban evidencia de una larga tarde trabajo. Aunque nació en Salta, ya no tiene acento argentino. Habla el dialecto propio de aquellas personas que han recorrido el mundo. Ahora vive en Alemania, después de haber estado 9 años en Madrid. Como guionista, directora y productora ha realizado cortometrajes que han sido exhibidos en festivales de cine internacionales y cosechado una veintena de premios.
Ella piensa el peso de cada palabra antes de pronunciarla y aún sonríe, con algo de vergüenza, antes de contestar cualquier pregunta. Es Licenciada en Diseño de Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires y Diplomada en Dirección Cinematográfica de la Escuela Septima Ars de Madrid. Ha desarrollado su carrera combinando la gestión institucional y cultural con la producción y realización de obras audiovisuales.
Actualmente Mariel Maciá es responsable de la Red de Mujeres Iberoamericanas del Cine y Medios Audiovisuales (MICA), organización impulsada por la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), la cual además se ha dedicado a la concreción de una red europea de características similares (EWA).
En este momento, la red iberoamericana se encuentra en su primera fase. Por lo cual, han venido realizando las respectivas presentaciones en sociedad. Para esto, han participado de los mercados cinematográficos más importantes de Latinoamérica y el mundo. Primero fue San Sebastián (en España), ahora Ventana Sur (en Buenos Aires) y, en febrero, estarán en la Berlinale (Festival Internacional de Cine de Berlìn).
MICA tiene tres objetivos principales: visibilizar el legado cinematográfico femenino, promover la continuidad laboral de aquellas directoras que ya han realizado algún proyecto y que no disponen de los medios para embarcarse en nuevos desafíos y, por último, ofrecer espacios de formación específica para empoderar, no sólo a las cineastas profesionales, sino a las futuras generaciones de audiovisualistas. Para el cumplimiento de estas metas, tendrán un sitio web que funcionará como plataforma de intercambio entre las profesionales registradas y harán una base de datos de películas dirigidas por mujeres en habla castellana, desde que comenzó el cine hasta el presente.
La invitación es para todas las profesionales del cine y medios audiovisuales y, aunque MICA contempla en sus próximos programas de formación la inclusión de estudiantes, es necesario haberse enfrentado a la realización de un proyecto audiovisual para formar parte de la asociación.
Filmación de A Domicilio (o incluso también el amor)
– ¿Consideras que es importante que cualquier mujer que trabaje en el medio forme parte de la Red? ¿Cuáles son los beneficios que obtendría?
– Cuantas más seamos más beneficios podremos obtener. Es directamente proporcional. El beneficio principal y a corto plazo son los contactos. Imagina una red social profesional donde solo se hable de proyectos audiovisuales realizados por mujeres, donde alguien de México busque una co-productora española, una directora ecuatoriana busque distribuidora chilena para su película, una productora peruana busque información sobre alquiler de cámaras en Colombia, una guionista portuguesa pregunte acerca de los ritos de la Pacha Mama en el norte de Argentina y una directora de fotografía brasileña busque ayudante durante un rodaje de unos días en Paraguay. Y cada una de ellas tenga respuesta.
– ¿Cómo fue la experiencia de presentar MICA en Ventana Sur?
– Fue muy positiva. Cumplimos nuestras expectativas e incluso las superamos. Tuvimos muchas reuniones con directoras, productoras, distribuidoras y también con directoras de institutos de cinematografía, entidades de fomento y asociaciones de toda Iberoamérica. Fue muy interesante y abrió la puerta a que pudiéramos planificar actividades concretas para el año que viene.
– ¿Por qué apostar por el cine como una herramienta para construir un mundo más justo e igualitario?
– El cine es uno de los pilares de esta sociedad. Actualmente, todo nos entra por imágenes. Todo el tiempo estamos consumiendo contenidos audiovisuales y esto genera un código. Ese código, si siempre se ve de la misma forma, sólo va a reproducir una sola ideología. Queremos dar la imagen de una mujer que no esté sesgada, que sea más compleja, que no se quede en papeles secundarios. Una de las cosas que se hizo en CIMA, la asociación que impulsa la red, fue elaborar estadísticas acerca de las mujeres en lo audiovisual. De paso, estas estadísticas fueron analizadas por académicas y llegaron a conclusiones sumamente interesantes. Por ejemplo, sólo el 7% de las películas son dirigidas por mujeres y eso afecta directamente el contenido. En la práctica, la mayoría de las películas son dirigidas por hombres y en estos trabajos las mujeres ocupan personajes secundarios: “la madre de”, “la hija de”, “la amante de”. Por tanto, estos personajes femeninos son más chatos, porque no son ellas en sí mismas sino son ellas en relación a un hombre.
Por supuesto, esto también deriva en un bajo porcentaje de protagonistas femeninas. Cosa que no es sorprendente porque en realidad uno escribe sobre lo que más sabe, lo que más entiende del mundo. Entonces el problema no es que los hombres hacen lo que hacen porque ellos hacen lo que sienten, el tema es que nosotras no podamos hacer lo mismo: hacer lo que sentimos. Por eso, en la mayoría de las películas de mujeres, las protagonistas, son mujeres. Cada quien relata su visión del mundo. Mientras no accedamos a esta posibilidad el mundo seguirá perdiendo el 50% de la visión.
-¿De dónde proviene tu compromiso con lograr una mayor visibilidad para las lesbianas?
– El primero de mis trabajos que tuvo repercusión en la industria se llama “Flores en el Parque”. El corto va de unas chicas que están en un parque y se dan un beso bastante inocente. De esta experiencia aprendí mucho, no sólo de cine, sino de la importancia que tiene este medio a la hora de generar debate. Hay un grupo que escucha tus ideas y eso es una responsabilidad. Lo que pasaba concretamente con el corto es que el público me comenzó a enviar muchos mensajes y me contaban cosas muy personales. Uno de los comentarios que más me impacto fue uno que recibí de una chica africana que me decía que ellos, en su país, no pueden besarse en la calle. De hecho, ni siquiera pueden darse la mano ya que existe el riesgo de que las violen para “curarlas”. Decía que ella, al ver un corto donde estas chicas están en un parque, tan normal, le daba la esperanza de que es posible un lugar mejor.
Nunca hubiera pensado que alguien de África pudiera ver ese corto y menos que, al verlo, sintiera aquello y luego me lo dijera. En ese momento tomé conciencia de que una tiene una responsabilidad. Lo que pones en una película puede hacer el bien o el mal. En ese momento yo decidí hacer lo que a mi criterio está bien. Mi apuesta por la visibilidad lésbica, es mi forma de hacer algo bueno por el mundo.
-¿Crees que la temática que has elegido determina el tipo de público que accede a tu trabajo?
-Creo que he tenido la suerte de acceder a todo el público. Entiendo que tengo una base de gente que me apoya, pero mis cortos han participado en festivales generales, no sólo en eventos de temática LGBT. Al participar en otros espacios haces política. Lo mismo pretendemos hacer con las redes de mujeres. No queremos estar sólo en espacios con contenidos temáticos, al contrario, mientras más amplia la audiencia mejor. Yo creo que tenemos que tener nuestros grupos, porque allí nos hacemos fuertes, pero también tenemos que tener cuidado de que el sistema no se aproveche de esa forma de organizarnos para no tener que vernos. Si, por ejemplo, sólo ponemos nuestras películas en festivales LGBT eso va a llegar, únicamente, a un público que ya está sensibilizado. En este caso funciona como un símbolo de unión, es una forma de fortalecer el equipo. Pero si se lleva la misma película a un lugar donde –supuestamente- no debería estar, la labor es de lucha.
-¿Consideras que las lesbianas son discriminadas dentro de la comunidad LGBT?
-Creo que hay de todo. Somos lesbianas y, por tanto, somos mujeres. Tenemos doble carga. Hay mucha gente que hace el esfuerzo de incluir pero hay una inercia muy fuerte de separar. Si hay algo que a mí no me gusta del movimiento, en general, es cuando aparece gente que quiere separar las cosas. Creo que se discrimina cuando partimos de que somos distintos. Si volvemos a la concepción de que somos seres humanos no habrá motivos para discriminar. Me sigue pareciendo curioso que se discrimine dentro de un sector que ya está discriminado. Yo creo que sí, que en muchos casos, sufrimos de una doble discriminación.
Más información sobre Mariel Maciá: http://www.enikpro.com/