¿Qué deja a las chilenas cuatro años de la derecha en el poder?

La gestión de Sebastián Piñera que culminará en enero del 2014 casi no deja avances para las mujeres chilenas en términos de autonomía. El eje del actual gobierno estuvo puesto en las políticas laborales pero no con el objetivo de empoderarlas sino de reforzar su rol reproductivo y fomentar el aumento de la participación laboral aunque no necesariamente en empleos de mejor calidad.

chilechile2COMUNICAR IGUALDAD-Bajo el gobierno de Piñera, las políticas públicas han considerado a las mujeres en su rol reproductivo y laboral, pero principalmente como madres. La ampliación del postnatal, en el proyecto inicial de Piñera, tenía como único propósito el amamantamiento y el ‘apego’ de la madre. Luego obtuvo mejoras en el aporte que se hizo desde la oposición en el debate parlamentario” señala Teresa Valdés, coordinadora del Observatorio de Género y Equidad.

El post-natal fue la extensión de la licencia posterior al nacimiento de un/a niño/a a seis meses que, en una segunda etapa, fue extendida también a los varones aunque éstos sólo pueden tomarlo si lo desea la mujer. En la práctica pocos varones se acogieron a él y esto en parte se vincula a que si bien los primeros tres meses de licencia se goza del sueldo completo, en los segundos tres meses se establece un tope al mismo. Y esto, en un contexto laboral en el que hay brecha salarial de género, hace que la desventaja de tomarlo para el varón, y para la familia, sea muy alta en términos económicos.

Bet Gerber – directora de Proyectos de la Fundación Friedrich Ebert en Chile.- también tiene una mirada crítica hacia la gestión de Piñera en temas de género: “El actual gobierno optó  por un enfoque de la mujer-madre-trabajadora como beneficiaria de la política focalizada, responsable del cuidado de sus hijos/as y  proveedora de un segundo ingreso a través de su inserción en el mercado laboral. Una de las banderas más agitadas es el aumento de la participación femenina en el mercado laboral, destacado como uno de los grandes logros. Sin embargo, este crecimiento de la tasa laboral femenina no se ha traducido en la superación de la pobreza entre las mujeres. Aunque aumenten los puestos de trabajo para las mujeres en el mercado, no mejora su acceso a ocupaciones de mayor calidad, más protegidas y con mejores salarios. Si a las responsabilidades del ámbito doméstico/privado –que no han variado ni se han redistribuido- se le suma la exigencia de un trabajo precario y mal pago, el saldo es negativo para las mujeres”.

En otros ámbitos la situación tampoco mejoró en los últimos cuatro años. Chile sigue chilechile3siendo uno de los pocos países del mundo en los que el aborto está prohibido en todas sus causales (hasta 1988 las mujeres chilenas habían tenido acceso al aborto terapéutico, pero la dictadura, antes de dejar el poder, lo eliminó), tiene una de las tasas de participación política más bajas de la región (14,2% de parlamentarias de acuerdo al Observatorio de Igualdad de Género de la CEPAL) y la violencia hacia las mujeres aún sigue siendo un problema con falencias estructurales de abordaje.

Durante la gestión de Piñera, el SERNAM realizó una campaña para prevenir la violencia que se llamaba Maricón es el que maltrata a una mujer  y que fue muy cuestionada por la utilización de un término despectivo con el que se habla de las personas homosexuales. En la misma se puede observar además el abordaje del tema aún como un problema de “violencia intrafamiliar”, sin considerar la especificidad de la violencia hacia las mujeres. “Tampoco se ampliaron las casas  de acogida y se realizó un programa de ‘re-educación’ de golpeadores que como no ha sido evaluados, no se sabe si ha tenido alguna utilidad. Comparada con la gestión de Bachelet, la diferencia es abismante y los retrocesos evidentes”  analiza Valdés. En la misma línea se manifiesta Gerber: “El enfoque del actual gobierno ha implicado retrocesos en términos de igualdad de género tanto en lo social y cultural, como en lo político y en lo económico”.

Nota central:

«El capital político de Bachelet está en su apoyo popular»

 

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