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Progresar ¿para todas y todos?
¿Tiene la posibilidad el PROGRESAR de ser totalmente inclusivo de lxs adolscentes y jóvenes de sectores vulnerables? Especialistas en género plantean los desafíos de que el programa incorpore las necesidades de mujeres y varones, particularmente responsabilizándose el Estado de las necesarias tareas de cuidado de niñxs para que las madres -a cargo culturalmente de esta tarea- puedan estudiar.
COMUNICAR IGUALDAD- Semanas atrás el gobierno nacional presentó el Plan PROGRESAR (Programa de Respaldo a Estudiantes Argentinos). En medio
de los debates en torno a la enorme inflación que está viviendo el país, el Programa fue cuestionado desde algunos sectores por sumar gasto público. En otros casos, se aplaudió una nueva iniciativa de transferencia económica para los sectores más desfavorecidos y en particular para mujeres y varones jóvenes, que son quienes tienen los índices más altos de desocupación. Desde COMUNICAR IGUALDAD consultamos a personas especializadas en temas de género, tratando de poner el acento en la participación y los beneficios diferenciales que chicas y chicos podrán hacer de este programa en la medida en que vivimos en una sociedad en la que el 13,1% de los nacimientos se produce entre mujeres adolescentes y en donde el rol del cuidado es responsabilidad fundamentalmente de las mujeres.
La periodista rionegrina Susana Yappert lo planteaba asi en su artículo El 63% de los “ni/ni”, son las “ni, ni” del Blog Hijas de Eva semanas atrás: “Entre 2003 y 2008, se produjo una fuerte reducción de la cantidad de chicos que no trabajan, pero no se ha mejorado en igual medida y de modo significativo el dato de la deserción escolar. Es decir, hubo más trabajo (aunque 6 de cada 10 es precario o informal), pero la deserción escolar se mantiene en esas edades, fundamentalmente en segundo y tercer año de la secundaria. La escuela no puede retenerlos, no quiere o no sabe cómo hacerlo. Y si el escenario se complica, nada que agregar, sabemos quiénes son los primeros que el sistema expulsa: Mujeres, en primer lugar las que tienen hijxs o están embarazadas; y quienes menos estudios tienen”.
El PROGRESAR está destinado a jóvenes entre los 18 y 24 años –mujeres y varones-, que trabajan o están desempleadxs, pero cuyos ingresos son inferiores al salario mínimo, con el objetivo de que inicien o completen estudios formales o de alguna especialidad. Y se enmarca en la línea de otros programas de transferencias económicas como la Asignación Universal por Hijx (AUH) o la Asignación Universal por Embarazo, implementadas por este gobierno en los últimos años para reducir los índices de pobreza.
Como un complemento del programa, se anunció desde su lanzamiento que para aquellxs jóvenes que lo solicitaran, el Ministerio de Desarrollo Social pondría a disposición instituciones de cuidado en las que dejar a lxs niños mientras se estudia. Sin embargo, a la fecha, en el Ministerio no tienen información sobre cómo se implementará este aspecto del PROGRESAR.
Carina Lupica señala en el Boletín Nª 71 del Observatorio de la Maternidad, de octubre del 2013: “Las mujeres duplican la proporción de jóvenes que no estudian ni trabajan respecto de los varones: se encuentran en esta situación el 17,9% de ellas y el 7,7% de ellos. (…)No estudiar y tampoco trabajar constituye un escenario de doble exclusión: están fuera de la escuela y del mundo productivo, pero de ninguna manera es lo mismo que “no hacer nada”. Los Ni-Nis son un grupo muy heterogéneo de jóvenes. En el caso particular de las mujeres que integran esta categoría, la mayoría trabaja en el hogar y en las tareas del cuidado de los miembros de la familia, tales como los adultos mayores, los hermanos menores o incluso sus propios hijos. Según datos de la OIT para América Latina, el 67% del total de jóvenes que no estudian ni trabajan son amas de casa (OIT, 2010)”.
Sobre el Programa
“Lo primero que una celebra del PROGRESAR es que se siga pensando la política pública de manera sinérgica, dado que el programa se suma a otras acciones que en materia de política pública se vienen llevando adelante y que dan cuenta de una política de Estado que buscar procurar la igualdad de posiciones entre sus habitantes –señala Nora Goren, socióloga especializada en género y trabajo-. Los varones y las mujeres jóvenes son quienes, en términos del mercado de trabajo, se encuentran en peores condiciones, son quienes tienen los mayores niveles desocupación y de precariedad laboral”.
Según datos oficiales, son aproximadamente un millón y medio las mujeres y varones jóvenes que estarían en condiciones de acceder al programa sobre un total de casi 5 millones –aproximadamente un 30%-, en un sector de la población que triplica los índices promedio de desocupación (18,2%).
“El programa es positivo porque enfrenta el problema de un grupo de población de 18 a 24 años que no estudia ni trabaja y que está en aumento en nuestro país –señala la médica Mabel Bianco, presidenta de la Fundación Estudios e Investigación de la Mujer (FEIM)-. El problema no es exclusivo de Argentina, ni siquiera de América Latina, es mundial. Sin embargo en América Latina ha tenido un gran crecimiento”.
Lucila Tufro –integrante de la Asociación Civil Trama y co-autora del Manual Modelo para armar- Nuevos desafíos de las masculinidades juveniles– afirma que “toda política social de inclusión de carácter universal es positiva especialmente si apunta a grupos con altos índices de desocupación como son los y las jóvenes” pero señala a su vez la necesidad de que el PROGRESAR sea “un paso en una estrategia integral que se potencie con algunas otras medidas fundamentales como un programa serio y sostenido de acceso a la vivienda y la profundización de las medidas para mejorar la oferta, la calidad educativa y la terminalidad escolar y universitaria”, porque “el fracaso educativo de los y las jóvenes no sólo está condicionado por cuestiones económicas”.
La variable de género
La apropiación diversa que puedan hacer chicas y chicos del PROGRESAR va a tener que ver fundamentalmente con que quienes implementen el programa pueden comprender en su dimensión completa el acceso diverso que pueda tener cada grupo que, a su vez, como señala Huberman, está cruzado por otras diversidades.
“Las mujeres jóvenes presentan mayores niveles de desocupación, de inactividad y de precariedad laboral que los varones jóvenes, y eso está en relación directa con los mandatos asignados socialmente y el lugar que asumen en las tareas de cuidado –explica Goren-. Así la tenencia de hijos/as actúa como un factor inhibidor en la conclusión de los estudios y de búsqueda de un empleo. Se observa que teniendo los mismos niveles de instrucción, las mujeres jóvenes presentan mayores niveles de desocupación que sus pares varones y mayores niveles de inactividad. Es central la promoción de espacios de cuidado infantil que haga el programa, de modo que la tenencia de hijos/as no actúe como inhibidora para la participación.”
Bianco es terminante en relación a la exclusión que podría significar para las mujeres la falta de perspectiva de género: “La principal causa de abandono de la
escuela es el embarazo adolescente, tanto porque la escuela las rechaza como porque tienen que asumir la responsabilidad de la crianza de los hijos. Estas mujeres son en su gran mayoría ‘jefas de hogar’ y en esos hogares hay uno o más niños menores de 4 años. ¿Cómo hace esa joven para asistir a la capacitación? ¿Quién le cuida el/los hijo/s?”.
Para Tufro, además de garantizar el cuidado de lxs hijxs, el programa debería mejorar “la accesibilidad y permanencia de los y las jóvenes en el sistema de salud. Especialmente si pensamos en los varones jóvenes, grandes ausentes en los espacios de promoción, prevención y atención de la salud”. Y destaca algo también observado por Goren: la posibilidad de que las chicas sean incorporadas no necesariamente en su rol de madres o futuras madres.
La socióloga especializada en género lo plantea de esta forma: “El programa puede ser un momento propicio para promover las responsabilidades familiares compartidas mediante políticas que promuevan activamente que los varones jóvenes que tengan hijos e hijas sean quienes hagan uso de estos espacios”.