Por Mariana Fernández Camacho
COMUNICAR IGUALDAD- En algunos espacios, las voces parecen hacer eco con más fuerza. Por eso, el 19 de diciembre de 2012 la Oficina de la Mujer (OM) de la Corte Suprema de Justicia inauguró el primer Espacio para la Lactancia del Poder Judicial. La iniciativa creció a partir de los resultados de una encuesta voluntaria a 537 mujeres de cincuenta jurisdicciones del país a su regreso de la licencia por maternidad. Entre las conclusiones se resaltó que:
– el 50% de las encuestadas no alcanzó el tiempo de lactancia mínima establecido por la OMS.
– el 74% de las entrevistadas que no ejercieron el derecho a la lactancia lo hizo por razones ajenas a su voluntad.
– el 60% de las mujeres que continuaron amamantando a sus hijos/as una vez reintegradas al trabajo, hubiera deseado hacerlo por más tiempo.
Hilando fino surgió que quienes dejaron de amamantar por voluntad propia también señalaron presiones laborales y personales. En este punto, la falta de instalaciones adecuadas para extraerse leche durante el horario laboral apareció en los primeros lugares del top ten.
Desde la OM explican: “Resultaba imprescindible, a fin de garantizar la igualdad en el trabajo, proporcionar a las mujeres judiciales un lugar cerca, limpio y privado que les permitiera sacarse leche y conservarla para así prolongar la lactancia. Con 16 meses de funcionamiento del espacio podemos decir que, en términos generales, se fue dando un aumento progresivo y exponencial y un nivel de satisfacción muy alto entre las usuarias. Además, las mujeres que lo utilizan ocupan distintos cargos y dependencias, y han hecho sugerencias que pusimos en práctica. Por otro lado, los periodos de mantenimiento de la lactancia han sido importantes —abarcando varios meses y hasta incluso más de un año—, lo cual demuestra que la experiencia contribuye con la satisfacción de las expectativas de la OMS”. En la actualidad ya existen siete Espacios para la Lactancia en distintas jurisdicciones del Poder Judicial.
Dentro del Estado Nacional existen algunas otras pocas prácticas similares. Marcela, por ejemplo, trabaja en el Ministerio de Desarrollo de la Nación y gracias a su costumbre de subir por las escaleras supo de la existencia de un lactario en el piso ocho del gigantesco edificio de Avenida 9 de Julio y Moreno. “A tres meses de parir volví a trabajar y de casualidad me enteré del lactario —que se comparte con el Ministerio de Salud—, donde hay un sillón muy cómodo, heladera y una bomba eléctrica. También hay dos chicas que nos facilitan folletos y dan información sobre cómo usar el espacio, el tiempo que dura la leche en frío, en qué condiciones, etc. Nunca tuve un problema y la verdad es que es una posibilidad muy buena. Imaginate que mi hija está por cumplir dos años y le sigo dando el pecho”.
Es decir, se puede. Trabajar y cumplir con el mandato (y el deseo) de amamantar no deberían ser términos excluyentes. Pero hace falta voluntad y algunas medidas que no sólo nos repitan como loros todo lo bueno que es dar la teta sino que nos ayuden a corrernos los corpiños tranquilas. Mientras se deja de marcar con el dedo a las que decidieron no agregarse la obligación de vivir durante un tiempo como máquinas expendedoras de buena leche.
Nota central:
Lactancia materna: ¿sólo las mujeres debemos hacernos cargo?











1 Comentario
Excelente!