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Ni Una Menos: de la legalidad a la legitimidad
A un mes de las marchas masivas diciendo “Basta” a la violencia de género, Sandra Chaher reflexiona sobre la posibilidad, abierta a partir del Ni Una Menos, de que este tipo de violencia pase de la existencia en la norma legal a ser legitimada por la sociedad como una violación a los derechos humanos de las mujeres que detiene el desarrollo personal y social.
Por Sandra Chaher
COMUNICAR IGUALDAD- ¿Qué nos quedó a un mes y medio de las marchas masivas del Ni Una Menos además de los anuncios oficiales de acciones en progreso? Si vamos a esos detalles micro, los hábitos cotidianos que nos funcionan de termómetro del clima social, quizá podamos decir que mucho, que hasta bastante más que los anuncios de políticas públicas. Y no porque éstas sean menos relevantes, sino porque suelen ser impulsadas por ciudadanías activas y conscientes, además de por Estados sensibles. Con lo cual, a mayor actitud alerta de la ciudadanía tendremos más probabilidades de que las políticas públicas anunciadas se efectivicen y quizá hasta se avance en las que se nos debe pero aún no fueron anunciadas.
¿Cuáles son esos detalles micro que seguro la mayoría ya notamos? Para empezar, la verborragia post marcha entre amigas/os, familia, personas conocidas y medios de comunicación de Argentina y del mundo, entre muchísimas/os otras/os. Las amigas de otros países aplaudían y escribían con admiración del tema; la gente comenzó a contar y a tomar partido en más casos cercanos –ayudando, opinando, informándose, y así aumentaron las denuncias a los teléfonos de atención-; el tema se viralizó muchísimo en las redes sociales; en medios de comunicación en los que se solía hablar poco de violencia de género, no sólo el tema se integró más a la agenda sino que la forma de abordarlo fue a través de figuras de la violencia que no son las más habituales, como la simbólica, la económica o la obstétrica.
¿Qué significa esta mayor circulación del discurso? ¿Se sostendrá en el tiempo? ¿Puede impactar en acciones concretas? Seguramente todo depende de cuánto seamos capaces de seguir accionando en reclamo de nuestros derechos.
Pero hay algo que quizá haya comenzado a cambiar y ya no tenga retorno: que la violencia de género pase de la legalidad a la legitimidad. Tenemos desde el año 2009 una ley integral de protección de las violencias hacia las mujeres, y desde muchos años antes existía una de violencia en el hogar donde como sabemos las víctimas principales son mujeres y niñas/os. Pero estas leyes las militábamos las feministas –fuéramos tantos activistas, como funcionarias del Estado o académicas- y la sociedad no se apropiaba de la violencia como problemática social, no reflexionaba que la violencia de g{enero es una consecuencia –pero también una causa- de las relaciones de género desiguales y jerarquizadas de las sociedades patriarcales.
A un mes y medio de la marcha, tampoco es que la sociedad esté haciendo un “mea culpa” de sus vicios patriarcales, pero al menos cuando se habla de violencia de género, el tema dejó de ser marginal para acercarse al mainstreaming de la agenda política y mediática. Después de una manifestación de 150 mil personas en la Ciudad de Buenos Aires, más otros miles en el resto del país, ¿Cómo puede hoy un/a funcionario/a o candidata/o a un puesto en el Estado, permitirse no conocer el tema, desconocer al menos sus mínimos cimientos, no afirmar –si es que le compete- que hará algo?
Quienes trabajan en violencia observan con mucha atención los índices de la legitimidad del tema. ¿Qué porcentaje de la sociedad cree que la violencia de género es un problema central de las políticas públicas? ¿Cuántas/os creen que es secundario? ¿Cuántas personas consideran que la violencia de varones hacia mujeres es normal y que el problema está más en la magnitud que en la existencia de la violencia? ¿Cuántas que la violencia es una herramienta necesaria para mantener el estatus quo de las relaciones desiguales de género, aunque no lo digan?
Quizá el Ni Una Menos, y todo lo que sepamos generar y sostener a futuro como ciudadanía, nos permitan comenzar a cuestionar los cimientos del patriarcado y darle legitimidad a otra idea: que la violencia de género es inadmisible, que da cuenta de opresiones insostenibles, y que es un freno al desarrollo humano personal y social.
Nota central:
La reacción del Estado frente al Ni Una Menos