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“Las mayores dificultades de socialización tuvieron que ver con ser migrante”
Mónica Mexicano vino a Buenos Aires por amor y también buscando una mejora profesional. Siente que el país no es inclusivo con quienes llegan de fuera, y que se desprecian algunas nacionalidades específicas. Las mayores dificultades, afirma, se vinculan a la inserción social y laboral, no tanto a la condición de género.
Por Belén Spinetta
COMUNICAR IGUALDAD- Mónica Mexicano llegó a suelo porteño en septiembre de 2011. Como muchas otras jóvenes migrantes, venía con un proyecto profesional: realizar una Maestría en Psicoanálisis en la Universidad de Buenos Aires. Pero llegó también por amor, de este suelo era por entonces su pareja. Fueron dos proyectos que confluyeron en la decisión de armar las valijas y marchar lejos de casa.
“Adaptarme a la ciudad tuvo dos aspectos. Por un lado me resultó sencillo porque quien entonces era mi pareja es de acá y eso facilitó algunas cosas; pero por otro lado fue difícil porque como no tenía muchas relaciones con más gente me costó integrarme, hacer amistades”, comenta a COMUNICAR IGUALDAD.
“A diferencia de la gente en México, acá siento que hay un poco más de dificultad para poder integrar a quien viene de afuera… Me encontré con gente que no fue muy amable, con actitudes racistas; por ejemplo que me trataban mal cuando pensaban que yo era de Colombia y cuando decía que era mexicana cambiaban su actitud.”
Pero ese malestar inicial de a poco se fue disolviendo y abriendo paso a otra realidad, todo a medida que pudo construir sus propios vínculos y hacer nuevas amistades. En eso, mucho tuvo que tener su contacto con otros/as jóvenes migrantes latinoamericanas/os: “Fue más sencillo vincularme con otros que estaban en la misma condición que yo, es decir extranjeros, tanto en la maestría como en laburos que tuve, hacíamos tipo gueto los migrantes… Se marca mucho la diferencia. Y en la cotidianidad hay una especie de complicidad, de entendimiento más ágil, de coincidencias”.
Para Mónica ser mujer no fue lo determinante a la hora de insertarse en la ciudad, sino su condición de migrante. “Encuentro que las dificultades para tener un buen trabajo o más facilidades de sociabilización tuvieron que ver con el ser migrante… Las dificultades por ejemplo para tener todos los papeles en orden para poder tener un buen trabajo, sino a lo único que aspiras es al call center y eso es un trabajo muy precarizado y explotador… No sentí que por ser mujer haya habido una cosa de mayor discriminación.”
El agravamiento de la situación política en México encuentra a Mónica lejos de casa. Frente a esto, por la necesidad de dar visibilidad y solidaridad a lo que pasaba en su tierra, con otro grupo de jóvenes mexicanas/os comenzaron a generar un espacio de lucha y contención: la Asamblea de Mexicanxs en Argentina. Quizás la crisis desatada luego de la desaparición de 43 estudiantes normalistas en Ayotzinapa, fue un punto de inflexión para el fortalecimiento del espacio. “Yo militaba allá en una organización de derechos humanos con comunidades campesinas e indígenas, estaba muy cercana a los debates sobre el terrorismo de Estado, y siempre he seguido de cerca lo que está pasando en México”. Agrega que poco a poco se fue conectando con otras/os mexicanas/os con quienes se vienen agrupando desde 2012: “Nos organizamos para poder darle visibilidad a lo que acontece en México… Es importante poder mantener ese espacio y mostrar que se puede seguir luchando incluso estando fuera del país. Me parece también que cuando uno está afuera alcanza a ver cosas que desde dentro no se puede, por ejemplo la magnitud de la represión y el avance del terrorismo de Estado... Yo creo que a los compas de allá les sirve que nosotros espejemos lo que pasa”.
Pasaron más de tres años desde que llegó a la Argentina, los proyectos que la trajeron al sur de América Latina terminaron y ahora la pregunta obligada es si quedarse a seguir armando un futuro por estos lugares. Hoy, ella lo ve como una posibilidad: “Al principio me resistía mucho a quedarme pero ahora tengo ganas de hacerlo un tiempo más… Eso tiene que ver también con la situación que se está viviendo en México que no invita mucho a volver, no sólo por el tema de la violencia, del terrorismo de Estado, sino por la situación económica donde los laburos todavía son más precarizados que acá”. Además, su profesión es central y considera que en Argentina hay más posibilidades para seguirse formando, a lo que le agrega lo que considera una mejor calidad de vida con respecto al Distrito Federal: “No hay tanta gente, no hay tanta contaminación ni tanta inseguridad como en México y eso me genera un bienestar… Buenos Aires es más vivible”.
Foto: Gentileza Mónica.
Nota central:
Mujeres sin fecha de vuelta