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La lucha de las mujeres en la carpa villera
Con mayoría de huelguistas mujeres, la Carpa Villera estuvo 54 días a metros del Obelisco. Allí, lxs vecinxs de los barrios porteños más vulnerables reclamaron una mejora en las condiciones de vida pero también la declaración de emergencia en la violencia de género. El 14 de junio, con lucha y organización, pudieron torcerle el brazo al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y acordaron un plan de urbanización para los asentamientos. Las que participaron nos contaron cómo es la lucha, entre la falta de luz y agua, y si esas falencias las afectan iguales que a los varones.
Por Jesica Farias
Desde el 21 de abril hasta el 13 de junio, la Corriente Villera Independiente (CVI) 1 instaló una carpa frente al Obelisco, emblema de la Ciudad de Buenos Aires, poniendo en agenda un reclamo que lleva años: la necesidad urgente de que se cumplan las leyes de urbanización de las villas. Lxs vecinxs, a quienes se sumaron lxs que integran la organización La Poderosa, le exigieron a la gestión del jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, que declare la emergencia habitacional, socioambiental, sociosanitaria y socioeducativa en los asentamientos; la urbanización con radicación; y la no criminalización de la pobreza, entre otros pedidos. Finalmente, las partes delinearon, el jueves pasado, un acuerdo tras una reunión en la sede de la Defensoría del Pueblo local.
A 54 días de la Carpa Villera, funcionarixs de la Secretaría de Hábitat y del Ministerio de Desarrollo Social porteño y representantes barriales e integrantes de la CVI y de La Poderosa -también acompañadxs por la Vicaría de Villas de Emergencia y la Confederación de Trabajadores de Economía Popular (CTEP)- firmaron un acuerdo para montar otro espacio: una mesa de diálogo permanente, desde esta semana sobre la urbanización.
También consiguieron el compromiso del gobierno del PRO para llevar a cabo obras de agua y electricidad. Unas horas después, Mafu Sánchez, del MPLD, dialogó con las integrantes del programa radial Toples con todo al aire (FM En Tránsito 93.9) sobre el encuentro. “Acá estamos, recién llegamos de la asamblea en base a la reunión que tuvimos a las 2 de la tarde. Le pudimos torcer el brazo al macrismo, esta lucha recién arranca”, explicó con fervor. Y remarcó sobre la iniciativa que implicó la enorme instalación de lona y la huelga de hambre: “Puso en agenda temas que no se querían mostrar y en el medio de la ciudad. Además, rompimos la barrera de la discriminación, de la criminalización de la pobreza porque el apoyo fue enorme con, entre otras cosas, unas 50 mil firmas”.
“La mayoría de las personas que sostuvieron la carpa en los 54 días fueron mujeres que dejaron a sus hijos. Muchas tuvieron problemas de pareja porque no entendían lo que implica la lucha”, explica a COMUNICAR IGUALDAD Daniela Fagioli, militante de Mujeres en Lucha, el espacio de género del MPLD. En ese sentido, también en diálogo con esta agencia, la dirigente de la Corriente Villera Independiente Juliana Lagomarsino sumó que “se evidencio que los huelguistas que entraban en la Carpa eran, mayoritariamente, mujeres, que se ponían a disposición y a acomodar su entorno familiar porque estaban convencidísimas de que la lucha era necesaria”.
Ellas, a quienes patriarcalmente se les asignan los cuidados, eran las que además de poner el cuerpo en la instalación sobre plena Avenida 9 de Julio tenían que solucionar sus días -que fueron cinco por cada una- en donde realizarían la huelga de hambre. Sin dudas, las condiciones previas a las batallas libradas son distintas según el género.
El cobijo que se tiene y el que se busca
En el barrio porteño de Retiro inauguraron la Casa de las Mujeres. Fue en 2013 y nació como un espacio alternativo y autogestionado por las propias vecinas para dar respuestas a las agresiones. La participación activa de cada una en la Carpa Villera; sus cuerpos dispuestos a la falta del plato de comida, pero esta vez decididas a la huelga de hambre, para remarcar las falencias de la gestión macrista, manifestaron otro reclamo: “También es una política de ese gobierno no tener presupuesto para las cuestiones de violencia, de hecho existe un solo refugio para mujeres en Capital y tiene 17 camas. En el marco de la urbanización también reclamamos que se declare la emergencia contra la violencia de género en la Ciudad”,apunta. Entonces, ¿es lo mismo ser mujer que ser varón en un barrio en donde las faltas se cuentan por muchas y las soluciones, se escatiman?
“Con el cuerpo en talleres de fotografía, danza y otros más; y con la palabra, las mujeres expresan lo relacionado a las problemáticas de género en el barrio”, marca Fagioli. Esa casa, que la CVI y el MPLD edificaron, es un espacio de formación, debate, organización colectiva y también de defensa contra la violencia machista.
“La lucha no es de una sola persona y cuantxs más seamos, mejor porque necesitamos lo mismo”, delibera Zárate. Con el menor de sus niñxs aupado, se le nota la sonrisa: el más chiquitx le dijo cuán feliz era de tenerla nuevamente en casa. Ella sabe lo implica volver al barrio: haber puesto el cuerpo para que finalmente el gobierno porteño oyera el reclamo. Una vez más, las mujeres rompieron con los roles que social y culturalmente se les impone y salieron a la calle, al espacio público, tal como las piqueteras en la década de los 90. Convertibilidad y patillas pero también organización y calle fueron el caldo de cultivo en donde nació el MPLD, movimiento al que pertenece Mónica.
Fagioli hace memoria: “El MPLD nace en los 90, con los piquetes, en donde ellas rompen con el rol de que los varones son los que tienen que proveer puesto que ellos no tenían trabajo, entonces las mujeres salen a la ruta, hacen ollas populares, van a buscar la comida en los comedores para la subsistencia del hogar y su familia”.
“Ser pobre y ser mujer tiene una doble exclusión”, finaliza Lagomarsino. Pero la lucha por la inclusión, una que integre a todxs, continua, cuerpo a cuerpo.
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