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Heteronormatividad: arde como el fuego de ayer
Mientras los linchamientos se vuelven parte de la agenda pública, los ataques lesbofóbicos recrudecen y no son noticia para los medios hegemónicos. En Córdoba capital, hace dos semanas atacaron a tres lesbianas de la organización Devenir Diverse que lucha por la igualdad jurídica y social de la diversidad sexual y de género. Fue en un pub de Córdoba capital pero la agresión siguió en comisarías y en un hospital. En Buenos Aires, dos jóvenes fueron hostigadas por un grupo de siete varones. La importancia de la denuncia y la estigmatización que aun opera, como otra cachetada.
Por Jésica Farías
COMUNICAR IGUALDAD- “Culturalmente ir a hacer una denuncia sigue siendo difícil porque todavía operan el silenciamiento y la estigmatización con respecto a la sexualidad. Primero porque una tiene que visibilizar cuestiones privadas. En mi caso, antes de ser lesbiana y activista, soy madre, estudiante, trabajo todos los días y no me cuesta ir a contar el por qué siento que fui agredida, aun cuando reciba comentarios estúpidos de quienes deben tomarme la denuncia, que los hubo. A mí no me cuesta, pero imaginate la situación para una persona que directamente no está en el activismo” remarcó a esta agencia Leticia Veber, una de las militantes de Devenir Diverse que fue golpeada. Y mientras los moretones cambian su color, sintetiza: “Quienes hacen la denuncia tienen cierto nivel cultural”. Vivir en la ciudad o en la periferia también golpea. Y diferente.
Así es exponerse en una sociedad en donde las manos magullan y señalan, pero no se extienden e incluyen. “Lamentablemente no hay una mínima preparación de los agentes. Una puede estar de acuerdo con las medidas vanguardistas que se tomaron en el sentido legal pero en el momento en que la persona debe denunciar, el personal no está capacitado”, remarcó. A pesar de la violencia institucional, exponer las agresiones es la vía para ir extirpándolas, para que no sean la norma.
Sigue quemando
Todas las violencias. Un grito, un golpe, la indiferencia, las instituciones que no asisten. Era domingo y de madrugada. Noche previa al Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Tres amigas tomaban algo en un pub cordobés. Probaron el peor trago. “Se nos aceró un grupo de chicos de entre 25 y 30 años. Uno se puso muy cargoso particularmente conmigo y nosotras empezamos a corrernos y el tipo, al ver que fue rechazado varias veces, empezó a agredirnos verbalmente”, relató Veber a COMUNICAR IGUALDAD. Esa fue la primera agresión de una cadena, que expansiva, culminó casi 24 horas después para ella y dos compañeras.
El 23 de marzo, junto a Verónica Castro y Evelin Centini, también activistas por los derechos igualitarios, disfrutaba de la noche en el pub Beep de Córdoba capital, uno al que “generalmente concurre la diversidad” pero en el que se coló la lesbofobia y la hetenormatividad. La misma ciudad en la que el pasado sábado una beba hija de una pareja de mujeres lesbianas fue bautizada por la iglesia católica y recibió el madrinazgo de la presidenta de la República, pero también donde una de las madres de esa beba fue desplazada este año de la policía provincial cuando se hizo pública su condición de mujer homosexual.
“Yo sé cómo son ustedes las tortas, tengo una jefa que lo es y sé como son. Las voy a perdonar porque son mujeres”, sentenció el que no entendía que no es no. Ese mismo, tan macho como facho, fue el que le tiró una piña en los genitales a Leticia. Puñetazo que dolió tanto como el símbolo. Así comenzó la feroz golpiza que no terminaría esa noche ni en ese espacio.
“Ustedes”, así dijo el mismo varón que unos minutos después dejaba las palabras para lastimar, ahora, con puños y patadas. Así oyó Fernanda Guaglianone que se referían a ella y a su compañera. Otros machos, también siete, las persiguieron varias cuadras pero en Buenos Aires. “Dos de abril 2014, cerca de las 20, frente al Hard Rock café. Un puñado de nacionalistas de ultra derecha con banderas argentinas con las Malvinas reemplazando el sol, pantalones militares, cuerpos entrenados y botas que caminan siguiendo las órdenes de quien con bigote prolijo grita a través de un megáfono para que se desplacen, se separen y parezcan más”, recapituló. Un par de esos que extendían su brazo adelante, a modo de saludo, las siguieron por las calles porteñas. Uno fue contundente: “Ustedes cuando están de a muchos se hacen los guapos”. Discurso patriarcal, en masculino excluyente, y una pregunta, ¿Quiénes son ´ustedes`?
“Que dos lesbianas caminen por Recoleta es razón suficiente para que nos griten `atorrantas`, `putas` desde un balcón y para que siete nazis te rodeen sin que te des cuenta y te persigan durante cuatro cuadras mientras pasas frente a un acto por las Malvinas de grupos nacionalistas al grito de Argentina, Viva Seineldín y Volveremos”, pensó Guaglianone. Todavía escupe bronca con prosa cinematográfica: Quien la lea vivirá la secuencia como si se tratase de una película en blanco y negro.
“Me pegó y yo pensé ‘hay algo que no es normal‘”, meditó Veber tras el ataque. Y sí: si la violencia se naturaliza y las expresiones e identidades de género asustan, hay algo anormal. Y que retrasa. “A una de las chicas le pegaron y se cayó al piso. A mí también me tiraron, nos patearon. A la que quedó parada le dieron en un ojo, le arrancaron el pelo”, describió. También recordó que sólo lxs concurrentes de Beep fueron quienes separaron a los violentos para evitar más golpes. “Cuando nos estábamos por ir, volvieron dos y otra vez empezaron a gritarnos lesbianas de mierda y a pegarnos”. Otra vez hubo indiferencia de quienes manejan el lugar, que sólo se preocuparon cuando un patrullero llegó a la puerta del boliche y les impidieron salir -a ellas- del pub. “Nos decían que los agresores estaban afuera, que reclamaron que nosotras les habíamos robado una billetera. No nos dejaban salir”, sintetizó. A los 10 minutos las invitaron a retirarse justo cuando el personal policial se había ido. Una vez afuera supieron que los lesbofóbicos no habían sido detenidos. Sin asistencia, se fueron y se encontraron con una violencia superior.
“Fuimos al hospital, pero nos dijeron que no eran heridas de consideración. Después, a la Central de Policía de Córdoba en donde nos atendió un pibe que no entendía nada hasta que nos dijo que fuéramos a la vuelta pero ahí nos indicaron que no correspondía hacer la denuncia porque no pertenecía a la jurisdicción”, expresó Veber, mientras recapitula el periplo. En la comisaria en donde debían exponer la situación tristemente vivida estuvieron cuatro horas. Les dijeron que en cinco horas más podrían atenderlas. Decidieron irse para armarse de letras y puntos: un comunicado de prensa de Devenir Diverse dio de lleno a las autoridades. “Cuando el caso empezó a tener estado público inmediatamente nos mandaron a una fiscal para que nos tomaran la denuncia”.
Sobre la violencia, que se recrudeció en los últimos meses y a la que se suman linchamientos parecidos a los que Veber y sus compañeras sufrieron, COMUNICAR IGUALDAD conversó con la activista queer Mabel Belucci. Desobediente, recordó que a “las compañeras lesbianas de los años 80 les costó mucho instalarse dentro del movimiento feminista porque en ese momento era sumamente hetenormativo en cuanto a sus decisiones políticas entonces tuvieron que hacer un separatismo en vez de aliarse con estrategias concretas, por eso hoy lo más interesante es pensarse en colectivos en acción, en membrecías con demandas puntuales y accionar sobre ellas. Que tu demanda sea la mía; y la mía, tuya”.
Así, las militantes de Devenir consiguieron que el lunes 24 se les tome la denuncia contra los agresores (que siguen sin ser identificados y por eso es necesario que lxs testigxs declaren) y los propietarios del local que no garantizaron la seguridad. El viernes 28 también se denunció en el Tribunal de Conducta Policial el accionar del personal que dejó escapar a los golpeadores, que no escuchó a las agredidas y tampoco las asesoró correctamente. Tres días después, también se accionó en el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo -INADI-. “Es nuestro deber que esto se empiece a ver. Este no fue solamente un agravio personal, es un golpe bajo para la organización, para toda la diversidad sexual que viene luchando por los derechos”, impuso Veber.
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