“El Protocolo es resultado de la lucha de las estudiantes, pero acompañadas por otros sectores universitarios y sociales”

El Protocolo contra la violencia sexista aprobado por la Universidad del Comahue en el 2014 implica a toda la comunidad universitaria: docentes, estudiantes y no docentes. Sin embargo, han sido lxs estudiantes lxs que pusieron el tema en debate. Una integrante de la Carrera de Comunicación Social, aporta su mirada sobre las puertas que se abren.

Por Belén Spinetta

COMUNICAR IGUALDAD– Contar con un protocolo para abordar las situaciones de violencia que se dan en la Universidad, fue una de las demandas de las estudiantes de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales que encararon la denuncia contra el profesor de locución que finalmente fue exonerado. El proceso que duró más de tres años, dejó en evidencia grandes dificultades, principalmente la poca legitimidad que tenían las denuncias por maltrato sexista y la falta de receptividad y escucha por parte de la institución.

Ailín Trepiana, estudiante de Comunicación Social e integrante de la Comisión de Mujeres de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, afirma que contar con un protocolo de este tipo es un gran avance, pero que plantea desafíos. “Actualmente rige por ordenanza en todas las sedes de la UNCo, pero lo ideal sería que cada unidad académica se lo apropie y lo trabaje hacia el interior con todos los claustros, para que no quede en letra muerta. Es decir, que si bien distintos sectores de la Universidad se ven implicados con la implementación del Protocolo, es necesario que se sigan implementando mecanismos para que toda la comunidad universitaria lo conozca”.

La primer aprobación del Protocolo, en 2013, fue en un contexto particular, ya que en la misma sesión se aprobó por unanimidad la exoneración de Patricio Orlando, ex docente de la carrera de Comunicación Social que fue denunciado por reiteradas prácticas de abuso de poder y discriminación sexista. La denuncia –realizada en el 2010 por la Comisión de Mujeres y el Centro de Estudiantes de la Fadecs-Fadel- obligó a poner en discusión el hecho puntual denunciado pero, al mismo tiempo, una situación de violencia más amplia y generalizada. Para Trepiana, “la implementación del Protocolo a nivel universitario, puso de manifiesto la necesidad de que existan herramientas específicas para poder dar un tratamiento especial a este tipo de violencias. El Protocolo es producto de largas luchas y discusiones motorizadas principalmente por lxs estudiantes, pero acompañadas y sostenidas en conjunto con diversos sectores de la Universidad y demás organizaciones”.

Concluye la estudiante que  contar con esta nueva herramienta “es un triunfo para el movimiento estudiantil ya que, detrás de la ordenanza en sí y la ‘institucionalización de la problemática, obligó  a toda la comunidad universitaria a hacerse eco de cuestiones cotidianas de lxs estudiantes vinculadas a prácticas sexistas y de abuso de poder que se dan hacia el interior de las aulas y, de esta forma, sirvió para visibilizar, desnaturalizar y cuestionar las (malas)prácticas de algunos docentes”.

Nota central:

La Universidad del Comahue a la vanguardia contra la violencia sexista

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