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Desnaturalizar para volver a lo natural
El primer fin de semana de junio se desarrollaron las I Jornadas de participación ciudadana para definir Violencia Obstétrica. Un centenar de mujeres, y algunos varones, se encargaron de analizar esa agresión que ocurre dentro de las salas de parto pero también durante las consultas pre y post. Se revisaron las leyes nacionales 25.929 (sin reglamentar desde 2004) y la 26.485. Discriminación, aborto, medios, poderes económicos, fertilización in vitro y burocracia, entre otras temáticas, atravesaron las charlas que durante dos días no pudieron tener marco mejor: la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo.
Por Jesica Farías
“Las jornadas tienen un largo recorrido. Las pensamos desde el año pasado en oposición a un proyecto de ley que borraba del mapa el parto domiciliario atendido por parteras. A partir de ese momento se creó un activismo de trabajo en favor de los derechos de las mujeres, es decir, otro enfoque con respecto al parto y a la salud reproductiva, con todo lo que concierne a parir o a no querer parir, porque las mujeres que abortan también sufren violencia obstétrica. Así, creamos un seminario de maternidad y derechos en la Universidad de las Madres; y con este espacio que nos acogió empezaron a surgir ideas y nos dimos cuenta de que faltaba una definición de este tipo de violencia”, dice a COMUNICAR IGUALDAD Gabriela Gonzalez Collins, una de las organizadoras y “miembra”de Por el Derecho a Elegir como Parir.
Relegar el saber al modelo médico hegemónico pudo discutirse en las jornadas: El parto como el principal ingreso de las clínicas y el negocio de las farmacéuticas. “¿Quién gana dinero si te digo que es más fácil parir con la luz apagada, una buena temperatura y nadie que moleste a la mujer?”, consulta Gabriela. La respuesta es simple: Nadie, porque el interés por engrosar bolsillos cuenta a la hora de programar nacimientos, sí, programar algo que es tan natural como el cambio de estaciones climáticas. Se suma Paula, quien ilustra en su propia carne eso del negocio: “Tengo la sensación de que hicieron por mi todo el trabajo de dilatación, me pusieron oxitocina, la peridural, me hicieron la episiotomía –y me desgarré-. Todo eso pasaba en una situación en la que no participaba. Finalmente, León nació, pero lo sacaron con fórceps. Lo sacaron y yo no lo vi nunca desnudo, sino que mi primer contacto fue con él vestido, limpio; no fui la primera persona que lo tocó y recién lo escuché llorando desde el pasillo. Esa situación fue tan violenta que la olvidé: durante tres años no pude decirlo hasta que instada por los demás a ir a saludar a mi obstetra, yo hice un click y dije ´no la quiero saludar, todo fue muy violento´”.
Los ejes de la agresión
El trabajo de parir una definición para la violencia obstétrica comenzó el viernes 7, por la tarde. Con placer, y sin dolor, se organizaron 13 mesas para abarcar todas las caras de la agresión que conduce a cesáreas innecesarias, a alumbramientos que se alejan de lo natural mediatizados por intravenosas, y bebas/es que lo primero que descubren del mundo es un espacio atiborrado de luces artificiales y aparatos. Así, la intimidación se vio atravesada por variables como la violencia sexual y física; verbal, psicológica y emocional; simbólica y medios; económica y en el marco jurídico; burocrática y administrativa; por su impacto en los recién nacidos; en relación a la fertilización asistida y en situaciones de aborto y post-aborto; también con respecto a la discriminación; en las prácticas asistenciales; en relación al parto en casa pero también en el sistema médico hegemónico. Sobre esos ejes pivotaron los trabajos grupales.
La violencia administrativa y burocrática: el primer lugar en donde se separa a la mujer de su acompañante, y es allí, en el mostrador de la clínica o el hospital en donde empieza la cadena de intervenciones que desencadenan en situaciones no deseadas, como por ejemplo, las cesáreas. ¿Solamente le llama la atención a la sociedad civil que ese tipo de intervenciones escale al 60 por ciento en las clínicas? El año pasado, y en el marco de la Semana Mundial del Parto Respetado, el Ministerio de Salud había adelantado que en el sector privado se realizaban cirugías en la mitad de los casos atendidos –cuando la Organización Mundial de la Salud recomienda que la tasa no supere el 17 por ciento-. Un año después, en vez de achicarse, el número se amplifica.
“Mamita, no grites”, “bien que te gustó cuando hiciste al nene”, “no te quejes”, “flojita, mamá, que así no puedo tactarte”, esas hirientes frases son vociferadas en una situación de total vulnerabilidad en donde se espera que la mujer “coopere” con quienes deben asistirla, acompañarla. Mujer a la que se despersonaliza: su nombre no es más suyo, ahora se la denomina con su nuevo rol, en sus múltiples acepciones. ¿Qué pasa cuando luego de parir evocan esos dichos? ¿Se los toma cómo comunes? Otra de las cuestiones que atraviesa la agresión a definir en las jornadas fue la violencia simbólica, “esa que subyace y que alienta a las otras, naturalizándolas”. Así la definió el grupo que trabajó sobre los medios y la construcción que de la maternidad hacen.
En cuanto a la legislación, se observaron las leyes que nos amparan, no sólo cuando de parir se trata, sino también cuando el mundo nos da la bienvenida, o hasta cuando acompañamos -seamos mujeres o sean varones-. Así, se revisó la Ley N° 25.929 De derechos de padres e hijos durante el proceso del nacimiento – sancionada en 2004 y aún no reglamentada- que debería proteger los derechos de madres, padres y recién nacidas/os en el proceso de parto y nacimiento. Junto a ella, desde 2009, la Ley N°26.485 De Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los Ámbitos en que se Desarrollan sus Relaciones Interpersonales, que salvaguarda a las mujeres en todos los ámbitos en donde se desarrolle, y eso incluye consultorios y quirófanos. Se suma la Ley N°26.529 de Derechos del Paciente en su Relación con los Profesionales e Instituciones de la Salud, que resguarda los derechos de las y los pacientes. ¿Qué sucede con esas normas cuando la posición horizontal impera, los gritos se acallan y lo artificioso gana terreno? Frente a la invasión de los cuerpos, las/os participantes de las jornadas coincidieron en la necesidad de imponer sanciones.
Peor es la situación para las mujeres que no se corresponden con el estereotipo imperante de rasgos blancos y perfecto castellano. Frida Rojas López, migrante boliviana en el Bajo Flores, lo demuestra en su documental Parto en donde otras coterráneas desean que a la hora de parir las/os médicas/os las “traten bien”, no las “hagan esperar mucho”, apoyen su derecho “a ser bien atendidas” y no las “discriminen y sean solidarios”.
“Son experiencias muy tristes las que muestro. A una de las mujeres, la dejaron cuatro horas con las piernas atadas porque había parido en su casa y le pedían que llevara la placenta para saber que esa guagüita que había llevado era suya. Creo que la pasamos mal por el tema de la portación de piel, aunque ya no tiene límites ni fronteras, porque parece que sólo es para ´la bolita´, ´la negra´, pero no se reduce a ellas”, reflexiona Frida mientras un círculo de mujeres –y un varón- la mira. Hay algunas lágrimas, y la sororidad casi puede palparse.
Faltarán poco más de dos horas para que se exponga lo que cada grupo recopiló y concluyó, y que servirá para confeccionar la Declaración sobre
Violencia Obstétrica. Las voces se desparraman por el aula de la Universidad de las Madres, esas que fueron mal llamadas “locas” cuando giraban a la Plaza de Mayo con sus pañuelos blancos. Ahora, en el salón al que llegan los murmullos de niñas y niños paridos con amor, a veces con dolor, hay otras a las que también se las denomina así por exigir respeto. El mejor marco para las jornadas, sin duda. La definición construida colectivamente “estará para dentro de un mes y medio”, añade. A partir de nominarla específicamente, se detectará más efectivamente y la acusación de madres y padres podrá canalizarse con más rapidez. En ese sentido, la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Género (CONSAVIG), que depende del Ministerio de Justicia de la Nación y tiene por objeto elaborar y diseñar sanciones de acuerdo a la Ley N°26.485, ha elaborado un instructivo para realizar la denuncia a ser presentada en la institución que corresponda, con copia al Inadi y a la Defensoría del Pueblo.
La violencia obstétrica es, sin dudas, violencia de género porque el cuerpo que recibe la agresión es el de la mujer, pero ¿acaso no todas las personas que nacemos la sufrimos? Ser separadas/os de quien nos alumbra, sedarnos con oxitocina, extraernos del útero con fórceps y desplegar prácticas invasivas pueden considerarse una de las primeras agresiones en nuestros primeros minutos en el mundo. Paula, dulce y serena, lo grafica con un padecimiento que aun molesta: “Siento que a León lo arrojé, lo expulsé al mundo en vez de acogerlo, tal como venía haciéndolo. Se lo llevaron, lo escuché en el pasillo, me lo trajo su papá. No lo acompañé, pero no porque estuviera centrada en mi misma, sino porque en esos momentos la centralidad pasaba por lo que decía el anestesista o por lo que le pasaba a la obstetra”.
El aborto como violencia obstétrica
“Cuando una mujer se práctica uno o tiene uno espontáneo, el escarnio público que se hace de ella es contundente: Se hacen legrados sin anestesia cuando se sospecha que fue inducido”, denuncia Gabriela. A la peligrosidad de la práctica se le suma la tortura.
Medicalización
“Hay una cuestión muy distorsionada de la salud: Una mujer que no tiene ninguna patología, que solo está embarazada, es sana, está en su plenitud, entonces, ¿Por qué ese acto se vuelve patológico?”, reflexiona Gabriela.
Entender medicamente y acompañar
“Priman los saberes fisiológicos y emotivos pero te gritan ´puja, puja´ como si una no supiera cuando debe hacerlo. Frente a eso veo que León, mi hijo, es la superación porque un niño que comprende. Él quiere ser padre, desde los 5 años dice que quiere tener muchos hijos. Y creo que no va a reproducir los lugares comunes del machismo, de hecho, quiere ser ginecólogo ´para acompañar, para ayudar´, usa esos verbos”, dice orgullosa Paula.
Nada de tacto
“Muchas veces oímos frases del tipo ´ahora, estas mujeres que creen que un tacto es una violación´. Si es violento, claro que lo es”, exclama Gabriela e ilustra: “Si vienen 20 residentes, lo es, porque si en cualquier episodio sexual y reproductivo de la mujer el manoseo de 20 personas es considerado abuso sexual, entonces, en el parto cabe la cuestión de que se está abusando de las mujeres, que terminan muy angustiadas y a las que se les dice que ´bueno, eso es así´ y la realidad es que eso no debería ser así”.