El modelo esencialista de Piñera

A fines del año pasado, la Fundación Friedrich Ebert de Chile publicó una investigación sobre las políticas públicas implementadas por el gobierno de Sebastián Piñera los últimos cuatro años en ese país. Cuando ya es formal la candidatura de Michelle Bachelet a un nuevo mandato presidencial , y con las encuestas de opinión dándole hasta el momento el triunfo, recuperamos esa investigación en la que se enfatiza el caracter esencialista de las políticas del actual mandatario sobre temas de género: privilegiando las relaciones heterosexuales con vínculo matrimonial y desoyendo las profundas transformaciones de la sociedad chilena hacia un modelo en el que conviven la diversidad de elecciones sexuales y de género. Reproducimos a continuación la introducción de la investigación y luego la posibilidad de descargar el texto completo.  

COMUNICAR IGUALDAD- Antes de asumir el gobierno, tanto las ONGs como los centros académicos independientes que revisaron las propuestas de los candidatos presidenciales alertaron sobre las limitaciones de las iniciativas para las mujeres propiciadas por el actual Presidente. Estas aparecían organizadas en torno a la división sexual del trabajo y la adscripción de éstas a sus funciones de esposa y madre.

En lo que va de la administración Piñera, la idea tradicional del rol de la mujer contenida en las propuestas preliminares se ha extendido a la imagen dest1chileconservadora de familia basada en un modelo idealizado y único: nuclear, biparental, con vínculo matrimonial y relaciones complementarias y armónicas, que cruza las referencias hacia las mujeres y los niños. En este imaginario, la mujer-madre-trabajadora es la aliada incondicional de la gestión estatal, como sujeto específico de la política en su rol de responsable del cuidado de sus hijos/as y en la provisión de un segundo ingreso a través de su inserción en el mercado laboral.

Esto a pesar de que las cifras en Chile indican que ese modelo está en retirada en el país, dando creciente protagonismo a una sociedad que se reconoce cada vez más como heterogénea y diversaLas modificaciones del indicador “Mujer y Familia” en la última Encuesta de Caracterización Socioeconómica (Casen 2011), evidenció una disminución de las mujeres casadas, un aumento de las personas que viven solas y la variación en la composición de las familias. Según las cifras, los hogares compuestos por una madre y un padre cayeron 10% en los últimos 10 años, mientras que los hogares monoparentales aumentaron un 27,4% (1 millón 850 mil personas).
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Según la Encuesta Casen, el número de mujeres casadas bajó de 36% a 27,1% en la última década, mientras que se triplicaron las que conviven. El retraso en la edad de la maternidad, el mayor espaciamiento entre los hijos y la disminución del número de hijos por mujer, sumados a una participación laboral femenina en aumento son también indicadores de los profundos cambios en la organización de las relaciones familiares de las últimas  décadas. Se suman a estos cambios el aumento de las familias compuestas, con o sin vínculo matrimonial y en los últimos años, la creciente visibilidad de las uniones homosexuales y la mayor legitimidad de las familias homoparentales con el fallo de la CIDH en el caso Atala como un hito en este proceso.

dest2chileLos estudios de opinión y tendencias muestran que las nuevas y diversas formas de familia traen aparejadas nuevas expectativas sobre las relaciones de género, introduciendo tensiones en los roles tradicionales de hombres y mujeres y en los atributos asociados a lo femenino y lo masculino, cuestionando marcos jurídicos y regulatorios que no dan cuenta de estos cambios y aquellas convenciones sociales de raigambre conservadora. Incluso el programa del entonces candidato presidencial intentó abordar parcialmente algunos de estos asuntos: “También nos ocuparemos de los dos millones de chilenas y chilenos que conviven en pareja sin estar casados. Por ello, protegeremos sus derechos de acceso a la salud, a la previsión, a la herencia y a otros beneficios sociales”.

Sin embargo, la preeminencia de una visión esencialista de las mujeres y del matrimonio como núcleo base del modelo ideal familiar limitó en los hechos los alcances de estas y otras declaraciones, así como el potencial impacto de las políticas generadas en la igualdad de las mujeres y la equidad de género en el ámbito económico, político y en el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos.

 

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