Tres meses después de su absolución luego de un juicio injusto, que reflejó el abandono del Estado, María Ovando está viviendo junto a sus hijas e hijos mayores, tramita la recuperación de la tenencia de quienes son más pequeños, trabaja como empleada doméstica y panadera y gestiona un subsidio del Estado. Cómo cambió la vida de esta mujer, antes sola en el monte y ahora rodeada de personas de todo el país solidarias con su situación. “Me miro al espejo y no me reconozco –dice-. Estoy más flaca, estoy distinta y me gusta mucho. Camino y me conocen todos. Pero no me da vergüenza, porque es limpio por lo que me miran.”
Por Sandra Chaher
COMUNICAR IGUALDAD– El 27 de noviembre del 2012, el Tribunal de El Dorado, Misiones, absolvió a María Ovando del delito del que más de dos años antes la había acusado: abandono de persona agravado por la muerte y el vínculo, de su hija de dos años. El caso era de una enorme injusticia e hipocresía ya que María no sabía leer ni escribir, no tenía ningún tipo de apoyo estatal, era víctima de violencia de género y vivía aislada en el monte en medio de una enorme pobreza. Es decir, era ella misma víctima de ese abandono del que la acusaba el Estado y no disponía de herramientas para prevenir ni evitar la muerte de la hija.
Un año y medio después de su detención, a fines del 2011, un grupo de periodistas y organizaciones de la sociedad civil de Misiones tomaron el caso en sus manos y lo visibilizaron más allá de la provincia, lo cual haya sido probablemente garantía de su posterior absolución. Esa misma gente, más mucha otra que se fue acercando sensibilizada por el relato periodístico, la acompañan en este momento en su reinserción social.
“Hace tres meses que María tiene una casa que le facilitó una familia allegada a Vilma Ripoll, y de la que ella paga el alquiler con ayuda del Municipio de El Dorado. Alli vive con sus hijos más grandes y algunos nietos –cuenta Alicia Rivas, periodista de Radio Universidad de Misiones y que fue quien inició hace un año y medio esta red solidaria en torno a María-. Está tramitando la recuperación de la tenencia de los hijos más chicos, que ahora están con las abuelas, y haciendo terapia familiar con los mayores en el Servicio de Salud Mental del hospital de El Dorado de tal forma de poder rearmar la familia que había quedado muy disgregada cuando fue detenida. También gestionó el subsidio por séptimo hijo, que va a estar en unos meses, y está recibiendo un apoyo para la compra de alimentos semanales también de parte del municipio. A la vez consiguió trabajo como empleada doméstica cerca de la casa y está tratando de empezar a producir pan. Los impuestos de la casa se los paga un grupo de personas de El Dorado que la están ayudando y que son también quienes la acompañan a hacer los trámites administrativos y judiciales porque nosotras estamos en Posadas, a 200 km, y muchas veces se nos complica ir hasta allá.”
La reinserción de María habría sido imposible sin esta red integrada por personas de todo el país sensibilizadas con el caso. Ayer mismo, a una audiencia judicial que tenía por la restitución de sus hijas e hijo más chico, fue acompañada por parte de este grupo de Misiones y por Vilma Ripoll. Cuenta la dirigente del Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) que el encuentro con la jueza de Familia “fue bueno. Nos dijo que se entrevistó con los chicos y los abuelos y nos indicó qué cosas tenemos que hacer para que pueda dictaminar la restitución. Básicamente se trata de que la casa que habita María esté en condiciones para recibir a los más chicos. Aún hay pendientes cuestiones vinculadas a la instalación eléctrica, la cantidad de colchones que se necesitan y otras más que se comprometió a ayudar el Municipio de El Dorado. A fines de marzo hay una nueva audiencia y, si para esa fecha podemos resolver los pendientes, nos dijo que podría avanzar en la restitución”. Cuando se le pregunta cómo la ve a María, cuenta que esta semana empieza la escuela junto a sus hijos mayores y que uno de ellos también inicia esta semana un programa de radio.
María
María atiende la llamada telefónica con COMUNICAR IGUALDAD desde un celular que le donó una mujer de Tierra del Fuego. Se escucha cerca la voz de un nene.
– ¿Cómo estás?
– Estoy bien. Hace un rato que llegué a casa después de trabajar.
– ¿Dónde estás trabajando?
– En una casa de familia. Hago la limpieza.
– ¿Cómo te surgió ese empleo?
– La señora me conoce porque ellos fueron al penal y a las audiencias. Después de las fiestas me ofreció trabajar. Son ellos dos y cuatro hijos, pero todos grandes. Yo voy tres veces por semana a la mañana.
– ¿Y la fabricación de pan?
– Iba a empezar pero el gas no me alcanza, porque el horno se lleva toda la garrafa. Tengo que ver cómo resolverlo. Quizá el municipio me ayude con el gas. Hice una sola vez, me salió re bien. Ya tendría a quién venderle, mis vecinas dijeron que comprarían.
– ¿Cómo es la casa en la que estás viviendo?
– Tiene tres piezas, es alquilada. Me ayuda el municipio a pagar el alquiler. Yo antes vivía en el campo, ahora estoy cerca del centro.
– ¿Cómo estás ahí con tus hijos mayores?
– Ahora todo bien. Ellos están buscando trabajo para ayudarme. Todavía no tienen pero ya van a tener. Son tres varones y una mujer. Y dos nietos: un varón de tres años y una beba de siete meses.
– ¿Estuviste viendo a tus hijos más chicos estos meses?
– Los viernes voy y veo a todos. Con mi mamá está un varón de siete años y una nieta, y con mi suegra dos nenas, una de cuatro y otra de dos y otra nieta. Las nietas son de mi hija mayor que no sé dónde está. Los chicos están unos en Delicia y otros en Puerto Esperanza y el mismo día los veo a todos. No estoy muchas horas pero voy y juego.
– ¿Cómo está el vínculo con ellos?
– El nene que está con mi mamá se quiere venir conmigo. Me pregunta cuándo lo voy a ir a buscar. La nena de cuatro también se quiere venir. La de dos no me conoce, ella tenía un mes cuando me llevaron. Lo que pasa es que ellos no están bien porque las casitas donde viven son muy chiquitas. Mi mamá vive en dos piezas con siete chicos. Y en lo de mi suegra también están todos en dos piezas.
– ¿Estás contenta con el encuentro de hoy con la jueza?
– Está dura pero creo que va a aflojar.
– ¿Cómo te sentís con tantos cambios?
– Me miro al espejo y no me reconozco. Estoy más flaca, estoy distinta y me gusta mucho. Antes nadie me ayudaba y ahora todos me ayudan. Camino y me conocen todos. Pero no me da vergüenza, porque es limpio por lo que me miran.
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4 Comentarios
Disculpen pero en misiones desde el comienzo hubo periodistas y activistas contra la violencia de género que levantaron la causa de maría, por eso se nacionalizó, dos años luchamos y seguimos luchando porque maría tenga justicia, los medios nacionales se tendrían que preguntar porqué no nos dan bola a las activistas de las provincias y si a Vilma Ripoll, cuando lo que importa es el reclamo no quien lo haga
Hola Mariana,
En la nota está citada justamente una periodista misionera.
Por otra parte, fuera de la provincia el caso llega luego del Encuentro Nacional de Mujeres. ¿Vos decís que dentro de la provincia el caso fue tomado fuertemente desde el comienzo?
Un abrazo,
Sandra
L@s invitamos a la presentación del libro «María Ovando, una lucha por justicia» elaborado por la Comisión de Género del MST. Este miércoles 6 de marzo a las 18hs en el Salón Dorado de la Legislatura Porteña. Perú 139 CABA.
Chicas,
No podremos estar pero lo difundimos.
Un abrazo