Boletín de Noticias
Comentarios
- Comunicar Igualdad: Silvia, escribí por favor a capacitacioncomig@gmail.com. All… on “Una democracia sin mujeres no es media democracia sino que no es democracia”
- Silvia Arellano: Hola informacion para formarme… on “Una democracia sin mujeres no es media democracia sino que no es democracia”
- Comunicar Igualdad: Gracias Alonso… on Ni un paso atrás con las políticas de género











Varones que argumentan por qué hay que cuidar
Por Mariana Fernández Camacho
COMUNICAR IGUALDAD– Quienes se suman a la Red de Hombres por la Igualdad se comprometen, entre otros puntos, a realizar una evaluación
cotidiana de sus comportamientos y actitudes para no reproducir prejuicios y estereotipos de discriminación hacia las mujeres. También, a no ejercer directamente ni tolerar u observar pasivamente ningún tipo o modalidad de violencia contra nosotras.
Para saber por qué creyeron especialmente significativo participar con sus fotografías de la campaña #compartamoselcuidado contactamos al diputado de la Ciudad de Buenos Aires por el PRO, Francisco Quintana, y a Fabián Repetto, director del programa de Protección Social del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC ).
¿Por qué creen importante darle visibilidad a la responsabilidad compartida entre hombres y mujeres en las tareas domésticas y de cuidado?
Fabián Repetto (FR): Por un lado, las mujeres actualmente deben afrontar una doble jornada: la laboral y la destinada a las tareas domésticas y de cuidado. Las encuestas sobre uso del tiempo han permitido identificar la desigual carga de cuidado que afrontan las mujeres en relación a los hombres y han permitido incluir la dimensión de cuidado en los cálculos de pobreza. Los pobres de tiempo (personas y hogares que cuentan con ingresos monetarios mayores a aquellos que definen el umbral de pobreza, pero no lo suficientemente altos para poder adquirir sustitutos en el mercado para suplir los déficits de tiempo que tienen) son los pobres ocultos de nuestra sociedad. Esta situación trae como consecuencia, además, una inserción de la mujer en el mercado laboral más precaria e irregular, lo que genera también círculos de reproducción intergeneracional de la pobreza. Superar esta situación requiere avanzar en políticas públicas diversas, pero también generar un cambio cultural (difícil pero central) que impulse una redistribución más justa de las tareas domésticas y de cuidado entre hombres y mujeres.
Francisco Quintana (FQ): Las transformaciones del modelo familiar tradicional requieren consolidar los esfuerzos para diseñar e implementar políticas públicas de conciliación que no dependan de la situación socioeconómica específica del grupo familiar y que sean articuladas entre áreas gubernamentales en los ámbitos nacional y provincial y con el sector privado. A pesar del creciente número de familias con doble proveedor, aún no se produjeron modificaciones significativas en la participación de los varones en las tareas domésticas.
¿Qué políticas públicas consideran imprescindibles para lograr una mayor democratización del cuidado?
FQ: Debemos continuar impulsando acciones en pos de derribar un sistema construido en base a la división sexual del trabajo que ubica a las mujeres como las principales responsables de la organización y el cuidado de los hogares. Ejemplo de esto son los 59 Centros de Primera Infancia que se crearon desde el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a partir de 2007 con el objetivo de fortalecer una política integral de cuidados.
FB: Yo creo que es necesario avanzar en múltiples frentes. Por un lado, es necesaria una revisión de los esquemas actuales de licencias, buscando no sólo ampliar la licencia por paternidad sino también las licencias parentales. Por otro lado, es necesario desarrollar servicios de cuidado públicos de calidad que permitan desfamiliarizar el cuidado y avanzar hacia una corresponsabilidad también entendida entre los roles del Estado y las familias. Además, es clave promover un cambio cultural, tanto a nivel de los decisores de políticas como de la sociedad en su conjunto, acerca de la importancia de considerar al cuidado tanto como un derecho (a cuidar, a ser cuidado y a autocuidarse) como una función social que es, por tanto, responsabilidad de todos y no una tarea reservada al ámbito privado familiar.
Nota central:
Una red de varones para socializar los cuidados