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Un tinto y un mantra para acompañar…
Andrea, socorrista, en Jornadas de Historia de las Mujeres.
Por Andre, desde Lago Puelo (Comarca Andina)
Hola Andre! Buen día! Si en algún momento andas por Bolsón necesito hablar con vos. Beso
A los dos o tres días de mi vuelta del Simposio de Narrativas corpo-aborteras me encuentro con este mensaje en el celu. Y sí, podían ser mil cosas. Pero un cierto presentimiento brujil me decía que esto se trataba de un socorro. Qué se yo por qué, pero lo olí desde el primer momento en que abrí el mensaje del celu.
Paréntesis en mi cabeza… El simposio y las narrativas, fueron un dispositivo potente y a la vez muy movilizante para visibilizar la práctica socorrista. Una pedagogía socorrista, formulé. Un espacio y un tiempo para salir del closet del aborto y de nuestros acompañamientos, pero colectivamente. Una pedagogía de los acompañamientos. Una práctica que desplaza el cuerpo. Abortar – acompañar – narrar. Una pedagogía de los desplazamientos corporales.
Llamo inmediatamente y… presentimiento confirmado. Creo que estoy de un mes, me cuenta. Andá a hacerte una eco, le digo, así vamos ganando tiempo. Le explico que hay que asegurarse de que no sea ectópico ante su negativa para asistir, porque… “qué se yo, se ponen ‘la gorra, viste’, y yo no tengo ganas que nadie me persiga y vigilantee”.
Yo estoy en descanso de guardias socorristas ahora (me digo, pero no se lo digo). Este es un llamado especial. Es la hija de una amiga.
Estoy segura que quiero esto. Y lo quiero hacer ahora, me dice. Insisto en que hable con su madre, que obvio sé, no tendrá problemas.
NO es el momento, recibo como respuesta…. Lo voy a hacer, voy a hablar Andre. Pero no ahora porque….bla, bla, bla. No hay “por qué” que en mi oreja no haga ruido; pero igual acompaño. Me digo que no quiero, me digo que no es justo ocultarle a mi amiga, me digo que hay otras socorristas, que por qué yo, me digo, me digo… y no hay dicho que me alcance, tampoco. Y acá voy…rumbo al encuentro….
Qué paradoja. Esta ética del cuidado que vamos construyendo nos impulsa a respetar la decisión de las mujeres de la forma en que las mujeres la toman; aunque se nos estruje el alma –esperando que nuestra amiga comprenda-, la garganta -por guardar ese secreto que no queremos-, cada fibra del cuerpo – porque tiene exactamente la misma edad que mi hija menor y el cuerpo se me da vuelta al pensarme al revés de la situación-. Pero eso no es todo. Ese secreto que intentamos que salga a la luz, que se visibilice,… es hasta políticamente ahogante este secreto. El aborto nuestro de cada día… Acá estoy, guardándolo en el más íntimo de los cajones y se me desborda y lo empujo, y lo empujo,… y acompaño.
En mi intervención en el simposio yo decía que esta práctica me atravesaba, me implicaba en mi vida cotidiana y en mi trabajo como maestra. Uffff! Qué chica la expresión, qué corto el pensamiento. La vida siempre nos desafía a más, casi que no podemos pensar o anticipar a qué nuevas cornisas nos empuja esta práctica. Y hay que lograr el equilibrio mientras caminamos apuradas por esos bordes. Porque resulta que siempre… ¡no hay tiempo que perder! Hay que actuar, accionar. ¿Cuál es el equilibrio en esta cornisa?, ¿en este momento?, ¿en esta situación? ¿Cuál es el dilema ético que debo sortear, cinturear, en este caso?
Nos hacemos madres de otras hijas en estos momentos. Otras hijas nos devuelven las relaciones con nuestras hijas. Nos hacen ver, vibrar vínculos que no podemos reconocer de primera mano; formas de relación inasibles en la cercanía de lo propio. Maternidades en momentos de aborto, ¿paradojas?
En este desplazamiento de aprendizajes, el cuerpo se me tensiona y ya no sólo se desplaza sino que se desarma tironeado en varias direcciones desencontradas. Se desplaza hacia la amistad, hacia la socorrida, hacia otra socorrista, hacia mi hijas, hacia mi madre….y tengo que volver al equilibrio, a la calma, a la seguridad, a la ternura, a la sororidad, a la urgencia del acompañar, acompañar, acompañar, acompañar, acompañar, mmmmmmmm. Me murmuro, a modo de mantra… mientras dejo que un buen tinto acompañe a mi cabeza y al latir fuerte de mi corazón -que se ha mudado a mi boca- y a mi escritura.
Foto: Moro.
Este relato forma parte de la sección “Socorristas en red- Relatos de feministas que abortamos”, un emprendimiento conjunto de Comunicación para la Igualdad y Socorristas en Red para poner en palabras las prácticas del acompañamiento del aborto y el aborto mismo. Dicen las socorristas: Elegimos escribir, elegimos compartir esas escrituras a modo de gesto político, para hacer que las palabras sigan diciendo algo, para seguir aportando pensamientos y acciones que nos hagan más inteligibles y visibles las prácticas de abortar, para saber más y mejor acerca de cuál es la ley que instalan las mujeres cuando abortan… para insistir e insistir…”