Después de realizar una intensiva producción periodística sobre cuidados, crianza con apego y economía feminista, Sarah Babiker –autora de la misma y madre de dos niñas pequeñísimas, una de dos años y otra de apenas meses- bucea en las emociones que le generó el tema y en sus propias reflexiones. La clave podría ser tratar de criar sin que nos atormenten los dogmas y poner el ojo crítico en la división sexual del trabajo más que en las opciones de crianza elegidas por las familias.
Por Sarah Babiker
COMUNICAR IGUALDAD- Hay temas que nunca se agotan, complejidades que siempre acabamos bajando con una serie de oposiciones y dualismos. Tras la publicación de mi propio artículo “De malas madres, madres intensivas y padres con 48 horas de licencia” constato lo fácil que es ubicarse en una de esas concepciones binarias que es poner el posicionamiento por delante de la comprensión. Me explico con cinco reflexiones rápidas sobre los debates de la crianza y el feminismo.
Sobre etiquetas: La nota arranca citando una entrevista a la filósofa francesa Elisabeth Badinter en la que ésta se pronuncia contra la “crianza natural”. En otros momentos se habla de crianza “respetuosa”, “crianza con apego”. Pero lo cierto es que, como me hacía notar una amiga, se genera una amalgama, y no se definen: los términos acaban convertidos en una etiqueta para una postura contra la cual posicionarse. Forman parte de un sentido común que se erige como factor de opresión sobre la mujer reconduciéndola hacia los cuidados y a poner sus intereses por debajo de los de sus hijxs. Y, como comenta Del Olmo, esto nos impide ver más allá.
¿Cuál igualdad? Badinter reivindica el feminismo de la igualdad frente al feminismo de la diferencia. Critica una corriente del feminismo que reivindica los valores femeninos. Dice no estar de acuerdo en que existan estos valores. ¿De verdad que no existen los valores femeninos? ¿Y en qué consiste entonces la socialización de género, sino en construir una serie de valores como femeninos y otros como masculinos? ¿Somos las mujeres naturalmente, biológicamente, más adecuadas a la crianza y el cuidado, a preocuparnos por los y las otras? Claro que no, tal afirmación sería negar la teoría de género desde la raíz. ¿Estamos socialmente educadas para serlo? A mí me parece que sí. ¿Son denigrantes en sí los cuidados? ¿No queremos acaso una sociedad más centrada hacia los cuidados de las personas y menos hacia la producción -en un mundo marcado por la sobreproducción, el consumo insostenible, el individualismo, la competitividad, la exclusión y la precarización del trabajo asalariado-?
Sobre la clase media: Si bien considero fundamental enmarcar socioeconómicamente estos estilos de crianza, me parece un poco abusiva la crítica de estos fenómenos como propios de mujeres y familias privilegiadas olvidando que también el trabajo productivo como lugar de autorrealización, emancipación económica y reconocimiento social es en muchos casos sólo accesible para mujeres de clase media y privilegiadas.
La crianza es intensiva y nada tiene que ver con la lactancia materna: Los bebés necesitan mucho trabajo. El cuidado necesita mucho trabajo. Como dice Tarducci, antes y en otras culturas se repartia en un grupo de mujeres. Criar niñxs como en generaciones anteriores se complica porque el estado se retira, las abuelas trabajan. Del mismo modo que imponer la lactancia materna como mínimo indispensable de maternidad genera sufrimiento en mujeres que o no pueden o no quieren dar el pecho, sobredimensionarla como opresiva es un exceso. No entiendo que dar la teta sea más opresivo que preparar un biberón (de hecho requiere menos tiempo y logística). Incluso la lactancia prolongada no exige que las mujeres se queden en casa. La crianza con apego no se inventó la división sexual del trabajo. Tampoco se inventó el sentimiento de culpa. Silvia Federici decía que el trabajo asalariado no ha emancipado a las mujeres. A ver cuándo caemos.
Respeto. Julieta Saulo. Sí, es innegable, existen posiciones dentro de esta amalgama muy opresivas. Asesoras de lactancia que te miran mal si decides no dar la teta, que casi te obligan a darla aunque te duela. Gente que te juzga por volver al trabajo pronto, por viajar teniendo niñxs pequeños. Eso existe. Pero también existe una mirada más sobre la experiencia: gente que toma lo que más le conviene de cada cosa, que mete a sus niñxs en la cama cuando les resulta cómodo y lxs saca cuando les resulta incómodo, que lxs llevan en sus wawitas o fulares cuando les resulta cómodo, y dejan de hacerlo cuando les incomoda. Que leen sobre crianza y sobre política, que se reúnen en grupos de crianza y generan nuevas redes. Por debajo de los dogmas, las etiquetas hay mujeres y no bobaliconas que se dejan engañar. En lugar de meternos con ellas ¿no deberíamos meternos con todo lo demás?
Nota central:
De malas madres, madres intensivas y padres con 48 horas de licencia











2 Comentarios
La división sexual del trabajo es muuuuy anterior al capitalismo. Existe, y más marcado que en ningún otro lado, desde y en las sociedades cazadoras recolectoras. Lo que no hace a la división buena o natural, pero no hay que echarle todas las piedras al capitalismo sólo porque no nos gusta. Es entender mal el origen del problema, y eso no ayuda a solucionarlo.
Hola ML, gracias por tu comentario, tienes absolutamente razón. La nota fue escrita de corrido sobre reflexiones personales y se me escapó ese error, de hecho al publicarla en otro soporte ya había eliminado esa errónea aseveración pero no me di cuenta de que había quedado así en esta versión. De hecho, como corresponde vamos a cambiarlo. Un saludo.