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“Ninguna política respecto a la prostitución tiene que ser represiva para las trabajadoras sexuales”
Beatriz Gimeno es escritora, analista política y activista feminista y LGTB española. Es autora de La prostitución, un libro en el que reúne sus reflexiones sobre el tema luego de varios años de investigación.
Ninguna política respecto a la prostitución tiene que ser represiva para estas mujeres. Ninguna política debe resultar en un empeoramiento de su calidad de vida. Cualquier política pública que no mejore aquella no es válida y ni siquiera es ética. Las políticas públicas tienen que ir encaminadas a ofrecer alternativas reales y viables de manera que abandonar la prostitución sea una opción real.
Esto pasa por proporcionar a éstas un trabajo digno y con un salario suficiente para cubrir sus necesidades; por un subsidio en caso de que no se tenga trabajo y por la posibilidad de recibir formación para mejorar laboral y socialmente. Pasa también por atender las necesidades de sus familias, de sus hijos, por ofrecerles escolarización gratuita, así como sanidad para ellas y sus familias.
Por último, es importante tener en cuenta que muchas mujeres que se dedican a la prostitución son víctimas de violencia de género y que en ocasiones su prostituidor es su novio o marido, por lo que hay que ayudarlas a salir de ese ambiente. En muchas ocasiones es la propia familia, las presiones o necesidades familiares, lo que mantiene a las mujeres en la prostitución, por lo que hay que empoderarla para que entienda sus propias necesidades como primordiales y para que se libere del círculo de la violencia.
Si la mujer ha sido víctima de trata hay que ayudarla a denunciar a las mafias ofreciéndole residencia legal en el país y protección legal. Una mujer que denuncia a las redes de trata tiene que ser tratada como una testigo protegida y debe ayudársele a emprender una nueva vida en otro lugar y con todas las garantías.
En todo caso, todo esto hay que hacerlo teniendo siempre en cuenta su opinión y sus deseos.
La prostitución como institución es contraria a la igualdad. El estado, si es que asume como propia la defensa de la igualdad de género, tiene que mandar un mensaje inequívoco de que hay comportamientos o prácticas o costumbres que son puntales de la desigualdad y por tanto hay que combatirlas.
Si alguien no quiere dejar la prostitución que no la deje, pero que no encuentre clientes porque estos sí deben estar perseguidos. No se pueden vender los órganos (aunque uno quiera) porque en el momento en que se abre un mercado se está obligando a lxs pobres a entrar en él. Y desde el punto de vista ético, hay mercados que no deben abrirse. Los neoliberales piensan que sí, que todo puede someterse a las leyes del mercado: el cuerpo, los órganos, la sangre, los óvulos, los vientres…pero eso ya es una cuestión ideológica. Yo opino que no todo puede convertirse en mercancía.
Nota central:
¿Qué derechos debe reconocer un estado abolicionista a las personas prostitutas?