“Mi padre me enseño a ser el hombre que soy”

Hugo Huberman, educador y facilitador en masculinidades, lideró semanas atrás en Quito, Ecuador, un proceso de incidencia con varones contraventores de diferentes formas de violencia, la mayoría muy jóvenes. Aquí una crónica de ese proceso detrás de rejas.  

Por Hugo Huberman, desde Quito

COMUNICAR IGUALDAD– Hace años que comenzamos este largo proceso de incidencia y actuación. Esta semana, con Leonardo García como co-autor y facilitador, hemos iniciado junto a la ministra de Justicia de la República del Ecuador, Zúñiga Rocha, una experiencia franca y concreta. 

Por un lado hemos construido un manual para guiar las intervenciones de los facilitadores; por otro lado hemos trabajado en el Centro de Detención El Inca, en Quito, con 24 hombres que han cometido diversas contravenciones vinculadas a violencia hacia las mujeres o dentro de sus familias; son hombres que estarán detenidos entre 8 días y un mes y pagarán una multa económica que esta prefijada. 

De los 24, sólo 2 son mayores de 40 años, los demás tienen entre 23 y 37 años. Algunos son del campo, otros indígenas, otros afrodescendientes, muchos vendedores de calle, otros de clase media. ¿Que los une? Sus itinerarios vitales haciéndose hombres y, según ellos, “un descuido en su camino”. ¿Qué los diferencia? Exactamente eso. 

Chalá, uno de ellos, narra las golpizas recibidas cuando niño; Chonny juega el rol del padre que lo golpeo y se desarrolla una breve escena; sabemos que no es justificante, nada justifica la violencia ejercida, pero es parte de sus vidas. 

Muchos tienen físicos trabajados, otros andan rondando las siluetas de la desnutrición. Les hacemos cuatro preguntas para desandar el viaje hacia lo que los trajo hasta aquí: “¿Qué es ser hombre?” “Cabeza de familia, responsable en su hogar, ejemplo en el entorno familiar”; “¿Quién les enseño a ser este tipo de hombres?” “Mi padre con consejos y ejemplos”; “¿Existen jerarquías entre los hombres?” “El que tiene poder económico, el que tiene un arma, el más fuerte, policías, militares, presidente”; “¿Existen riesgos para nosotros los hombres?” No tener trabajo, salir a robar, caer herido defendiendo  los nuestros. Palabras, percepciones, creencias, encriptadas en cuerpos y vidas en relación con otros y otras.

Poner el cuerpo es parte del viaje que iniciamos, vamos generando juegos de contacto corporal donde se entremezclan los enredos simbólicos, de poder, control y dominación sobre otros y otras. 

Se van cansando, aparecen los que no se arriesgan más, se disuelven las formas de tensión corporal y por ende aparece la respiración y el estar más tranquilo.

Nos vamos haciendo grupo de hombres en reflexión sobre nuestras diferencias vinculadas al ejercicio de las violencias que implican contravenciones. Las intervenciones son siempre intencionadas, lúdicas y provocadoras, no son grupos de autoayuda, son grupos guionados por un manual que estamos validando, con cuestiones teóricas precisas y hojas de ruta como actividades para intercalar. 

Es un viaje de retorno a la cultura que los trajo hasta aquí. Después de unos días estas intervenciones intentan construir miradas y herramientas propias para no volver a este encierro; estas estrategias con hombres contraventores de derechos de mujeres y niñas es una garantía más de vidas libres de violencias para todas y todos.

Nos vamos, después de dos días completos con ellos; cuatro de los 24 solicitan acceder a procesos con nosotros fuera de la cárcel, esto recién empieza.

 

    

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