“Hay corrientes del feminismo que no ven la vertiente antipatriarcal y anticapitalista que propone la crianza con apego”

Carolina del Olmo es socióloga, española, y publicó en el año 2013 el libro ¿Dónde está mi tribu? que fue un suceso en España probablemente pode intentar comprender, desde su propia experiencia, tanto a la crianza con apego como a las posturas que la rechazan. “Creo que el auge de los estilos de crianza niñocéntricos está reforzando la división sexual del trabajo. De lo que no estoy tan segura es de que esto sea una mala noticia, ya que en una sociedad tan sesgada hacia lo productivo, hacia el mundo del empleo y hacia todo lo que tiene que ver con el intercambio comercial, el que algunas personas intenten resistirse a esta intensa marea y nadar a contracorriente otorgando mayor valor a los cuidados, me parece un asunto interesante y positivo” afirma y nos deja con ganas de leer más.

Por Sarah Babiker 

COMUNICAR IGUALDAD- Para cuidar un niño hace falta toda una tribu reza un proverbio africano. Cuando la socióloga española Carolina del Olmo olmotuvo su primer hijo constató lo acertado del proverbio, y lo lejos de tener una tribu que estaba. Es desde esta contradicción -entre la dedicación que precisan los cuidados y el lugar marginal que se les da en sociedades centradas en el trabajo productivo y el consumo- que la autora se propone una reflexión crítica sobre los estilos de crianza contemporáneos y sus dogmas. En su ensayo, titulado precisamente ¿Dónde está mi tribu?,  la crianza y los cuidados no son planteados como una carga a la emancipación ni un como un lugar de autorrealización, sino suponen un  punto de partida para replanteárselo todo. 

Los estilos de crianza centrados en las necesidades de las niñas y los niños, y en particular la denominada crianza con apego, son vistas por una parte del feminismo como tendencias que profundizan la división sexual del trabajo, suponiendo un retroceso en las conquistas de la mujeres y su incorporación en el mercado laboral. ¿Qué opinas de esta perspectiva, concuerdas con ella? 

En cierto modo sí creo que el auge de estos estilos de crianza niñocéntricos está reforzando la división sexual del trabajo. De lo que no estoy tan segura es de que esto sea una mala noticia. A ver si me explico bien: por principios, estoy a favor de una sociedad igualitaria en la que no haya división sexual del trabajo impuesta: dado que todos cuidamos, todos debemos prodigar cuidados y dado que todos consumimos bienes y servicios, todos debemos contribuir a producirlos. No obstante, en una sociedad tan sesgada hacia lo productivo, hacia el mundo del empleo y hacia todo lo que tiene que ver con el intercambio comercial, el que algunas personas intenten resistirse a esta intensa marea y nadar a contracorriente otorgando mayor valor a los cuidados, me parece un asunto interesante y positivo. Por supuesto, es una lástima que sean solo (o principalmente) mujeres. Pero peor sería que nadie ofreciera resistencia y que los estilos de crianza adultocéntricos fueran los únicos existentes. En ocasiones, en los sectores que defienden la crianza con apego aparecen posturas patriarcarles y machistas. Esto es indudable. Pero hay corrientes dentro del feminismo que sólo quieren ver estas realidades negativas, y no miran a la vertiente rebelde, antipatriacal y anticapitalista que pueden encerrar estas prácticas del cuidado. Prácticas que ponen en el centro la vida, que suponen una profunda red de reciprocidad y compromiso que choca frontalmente contra la sociedad de mercado y el consumismo ambiental que respiramos. En mi opinión, el feminismo más visible mediáticamente, se está equivocando lamentablemente al ver en este tipo de prácticas sólo un resurgir del neomachismo, y al despreciar como mujercitas pusilánimes que se dejan mangonear a las mujeres que eligen los cuidados como terreno de desarrollo personal y se niegan a identificar su felicidad y su autorrealización con el empleo remunerado.

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¿Piensas que hay una agenda neomachista oculta e intencional en la crianza con apego para devolver a las mujeres al espacio doméstico? ¿Existen otros factores que explican el apogeo de estos estilos de crianza en determinados sectores sociales? 

A riesgo de pecar de ingenua, no creo que haya agenda oculta intencional. Creo que hay mucho machista defendiendo la crianza con apego, al igual que hay mucho machista en casi cualquier sitio. Eso sí, muchas veces, para mi sorpresa, los tics machistas de los defensores de la crianza con apego pasan inadvertidos, como sucede en España con Adolfo Gómez Papí, un autor al que la gente lee con gusto, sin cabrearse ante sus ideas machistas. En general, creo que se sobreestima el papel del machismo en el auge de estos estilos de crianza. Aunque tal vez, en paralelo, yo tienda a sobreestimar la vertiente rebelde que vertebra algunas de estas prácticas parentales… Sea como sea, casi me inclino a creer que el factor más importante a la hora de entender este apogeo es la reacción generacional frente a ese estilo de crianza más desapegado y adultocéntrico que triunfó hace décadas entre las madres de clase media y media-alta de quienes hoy están siendo padres y madres.

Insistiendo en la necesidad de permanecer en el ámbito laboral, ¿no se está perdiendo una crítica más profunda del capitalismo y la sublimación del trabajo productivo como forma de autorrealización?

Somos víctimas de la identificación del espacio público con el ámbito laboral. Tanto en el plano ideológico, donde parece que fuera del empleo remunerado no hubiera posibilidad alguna de desarrollo personal, como en la realidad: con la erosión de las redes sociales que ha traído consigo el capitalismo nos hemos quedado con pocos ámbitos públicos que no estén totalmente mediados por el intercambio económico: todo es trabajo o consumo. De ahí que muchas personas intenten refugiarse en un ámbito privado (casi siempre la familia, o las relaciones románticas) que, sin embargo, no ha resistido bien la erosión producida por el mercado. La huida –siempre con tintes románticos– hacia lo privado conduce por fuerza al fracaso. Pero las críticas a estas huidas suelen limitarse a reivindicar acríticamente ese espacio público hiperdegradado que es el mundo laboral, perdiendo la ocasión de realizar una crítica profunda a la sociedad de mercado.

Te pido que te pongas utópica, ¿para vos cuál sería el modelo ideal para repartir el trabajo reproductivo y productivo, combatiendo la división sexual del trabajo y garantizando el derecho de niñ@s y personas dependientes a ser (bien) cuidados? 

El modelo ideal pasa sin duda por robar centralidad a lo productivo, al intercambio económico, a lo competitivo, al consumo, al empleo. Creo que sin una jornada laboral mucho más corta que la actual (estoy pensando en unas 20 horas semanales) y sin unos ingresos garantizados que erradiquen de una vez por todas la pobreza, no hay forma de repartir adecuadamente el trabajo productivo, el trabajo reproductivo, el tiempo libre y la riqueza, reparto que es, en último término, mi ideal social. Algo bastante parecido al “a cada cual según se necesidad, de cada cual según su capacidad”, borrándole al eslogan el sesgo productivista.

Una última pregunta ¿por qué crees que tu libro fue tan bien recibido en España? 

Creo que fue bien recibido porque puso sobre el tapete dos cosas que todo el mundo echaba de menos, quizá sin darse cuenta: matizaciones entre dos posturas muy radicalizadas por lo que toca a estilos de crianza, y un marco social en el que situar un montón de cuestiones que, reducidas al terreno de lo privado, ni siquiera se entienden.

Foto: Elena Cabrera (El Diario)

Nota central:

De malas madres, madres intensivas y padres con 48 horas de licencia

 

 

 

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