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“El Estado debe garantizar que ninguna persona sea sometida a prácticas sexuales por una situación de dominación económica”
Silvia Chejter es socióloga, docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y coordinadora del Centro de Encuentros Cultura y Mujer. Escribió, entre otros libros, La niñez prostituida (2000) y Lugar común. La prostitución (2011).
COMUNICAR IGUALDAD- El Estado debe garantizar el derecho de todas las personas a vivir una vida sin violencia. Esta afirmación general, se traduce en el campo de la sexualidad, en el derecho a no ser abusada, violada o explotada sexualmente. La legislación reconoce que no sólo existe violencia o física o sexual sino que también se configura violencia cuando no es posible el ejercicio de la libertad o se actúa bajo coacción o por situaciones de vulnerabilidad.
En este sentido se admite que existe abuso sexual cuando por razones de edad no se puede consentir, existe violación cuando hay abuso de autoridad o poder, existe acoso sexual en el trabajo cuando la trabajadora por necesidad de seguir trabajando no puede negarse a requerimientos sexuales. En la misma línea, el Estado también debe garantizar que ninguna persona pueda ser sometida a realizar prácticas sexuales por una situación de dominación económica. Dicho en positivo, el Estado debe garantizar trabajo digno para todas las personas.
Por otra parte, las prácticas sexuales al “servicio de otra persona”, es decir las prácticas prostituyentes:
Pagar por tener sexo es montarse sobre las desigualdades estructurales de género y otras desigualdades, para explotar a personas, que por coacción o por su situación de vulnerabilidad no puede disponer libremente de su cuerpo. Pagar por sexo es una violación a los derechos de las personas a vivir su sexualidad sin ningún tipo de coacción (física, moral o económica o de cualquier otra índole). Pagar por sexo no es un derecho humano sino una violación a los derechos humanos.
En relación a la expresión «personas prostitutas», quiero aclarar que se trata de un concepto que afirma implícitamente la estigmatización que se quiere superar y que tiene, entre otros efectos, ocultar que se trata de una relación social de explotación. No es una cuestión de palabras, sino de cómo conceptualizamos la prostitución y nombramos en consecuencia. Personalmente utilizo personas prostituidas ya que pone en evidencia que hay alguien que prostituye y/o explota: el prostituyente.
En el discurso patriarcal la prostitución es pensada y hablada en forma invertida. Pareciera que alguien puede explotarse/prostituirse a si misma. Sin embargo prostituir es una acción que un sujeto ejerce sobre otro sujeto, (gramaticalmente es un verbo transitivo, al igual que explotar o esclavizar). Y a nadie se le ocurre decir que un esclavo se esclaviza a si mismo o que un obrero se explota a si mismo. Sin embargo todo el mundo dice “se prostituye”, fuera de toda relación social en que esas prácticas tienen lugar.
Nota central:
¿Qué derechos debe reconocer un estado abolicionista a las personas prostitutas?