El Observatorio Adriana Marisel Zambrano publicó su informe de 2014 sobre el femicidio en la Argentina: 277 mujeres y niñas muertas y 29 hombres y niños, víctimas de femicidio vinculado. Fueron 1808 los femicidios en Argentina entre el 2008 y el 2014, y estamos hablando sólo de los que aparecen en los medios. Las variables no se modificaron mucho en los últimos 6 años, aunque si bien la amenaza sigue proviniendo de varones cercanos a las víctimas, aumentaron los feminicidios entre personas desconocidas y descendieron los casos de incineración después del asesinato de Wanda Taddei.
Por Sarah Babiker
COMUNICAR IGUALDAD- En el año 2014 fueron 277 las mujeres y niñas asesinadas, junto a ellas las víctimas masculinas del feminicidio: 29 los homicidios vinculados de hijos, esposos o amigos. Son unas pocas menos que en el año 2013 y unas pocas más que el año anterior, reflexiones cuantitativas que en nada atenúan la magnitud de la tragedia, pues una sola muerte es ya intolerable. En total fueron 1808 los femicidios entre el 2008 y el 2014, como informa el Observatorio Adriana Marisel Zambrano, coordinado por la Asociación Civil La Casa del Encuentro. Son la evidencia de un mal que no está en retirada, de un drama estructural que exige intervenir.
Desde que en 2009 comenzaran a realizarse estos informes, las cifras han aumentado con ligeras fluctuaciones – en 2008 fueron 208 las mujeres víctimas de femicidio, en 2009, 231, después las estadísticas subieron hasta los 282 femicidios de 2011 para bajar el año después a 255 y subir aún más, 295, el año 2013-. Cabe recordar que los primeros años fueron menos los medios monitoreados, por lo que, dado que no hay otras fuentes para contrastar, pudo haber habido un subregistro.
Por otra parte, debe tenerse en cuenta que contabilizar los feminicidios mediante el monitoreo de medios siempre implica un subregistro, ya que hay muchísimos casos que no llegan a los medios, y a la vez también hay mujeres que mueren por razones aparentemente no vinculadas a la violencia de género –paros cardíacos, suicidios, enfermedades terminales- pero detrás de esos casos hay situaciones de violencia de género vinculadas.
Pero ante la ausencia del Estado en el registro de muertes causadas por la violencia machista, un año más, el Observatorio Adriana Marisel Zambano suple las ausencias del Estado, contabilizando en las páginas de 120 diarios nacionales y provinciales y a través de las agencias de comunicación Télam y DyN, los casos de femicidio que los 12 meses de 2014 dejaron. Un año más demandan que sea la administración pública quien se haga cargo de registrar las muertes que no se alcanza a evitar.
Parejas, ex parejas, familiares, conocidos
Detrás de cada nombre hay una historia de violencia y de indefensión, detrás de cada historia una sociedad patriarcal que genera hombres capaces de llegar a balear, apuñalar, estrangular, violar, incinerar o golpear hasta la muerte a mujeres por creerlas de su propiedad, por no avenirse a sus deseos. En la mayor parte de los casos esas mujeres eran sus parejas (95) y ex parejas (61), seguidas de familiares (hijas e hijastras -10-, otras familiares -19-, madres -12-) y conocidas (21) o las mujeres a las que explotaban (4 mujeres prostituidas). Así, la amenaza proviene sobre todo de hombres cercanos, pero aumentaron paralelamente los casos de femicidios donde no hay vínculo aparente entre la mujer y el femicida (55 frente a los 34 de 2010, ó los 40 de 2012).
Hablamos sobretodo, y como siempre, de victimarios próximos a las víctimas que matan con brutalidad y saña. De nuevo, aunque las muertes por arma de fuego fueron las más frecuentes (73), al mismo tiempo la sumatoria de apuñalamientos (68), golpizas (54), asfixias, estrangulamiento, grafican la violencia infringida hacia estas mujeres. Al menos, parece que el efecto que causó el asesinato de Wanda Taddei, incendiada por el ex baterista de la banda Callejeros a principios de 2010, se diluye. Tras incrementarse este modo de violencia hasta llegar a las 28 muertas por incineración en el 2011, o las 19 del 2012, fueron 9 las que perdieron la vida de este modo el año pasado.
Una mirada retrospectiva desde el 2009, fecha en la que se aprobó la Ley 26.485 de Protección Integral de Mujeres contra la Violencia y se publicó el primer informe del Observatorio, nos permite ver que las cifras no varían mucho, como una herida en la sociedad que permanece abierta año tras año, sin retroceder ni sanar.
Algunos nombres no los conocemos, nos queda un titular donde se repite de forma rutinaria un esquema que no debería de serlo, desaparecen en silencio tras aparecer frugalmente en una página de diario. Quizás veamos su foto. Fotos de mujeres que ya no están, que fueron eliminadas por una violencia que no termina. En muchos casos salen sonrientes, como si lo que les hubiera pasado fuera un extraño accidente, y no la consecuencia de una historia que es la de cada una de ellas pero que también es la de la sociedad toda. La de una sociedad que habla todo el tiempo de inseguridad, pero cuyas mujeres mueren en el espacio privado, en la presunta seguridad de una vivienda: en su propia casa fallecieron 74 mujeres, 69 en la vivienda que compartían con su pareja, 16 en la vivienda del femicida, mientras, fueron 20 las que fallecieron en la vía pública, y 21 las asesinadas en descampados.
Niñas, adolescentes, jóvenes, adultas, ancianas
Algunos nombres los conocemos, como el de Melina Romero y otras adolescentes que copan durante un tiempo las portadas de los diarios, y para las que probablemente el único juicio que habrá será el que se hace desde los medios sobre su comportamiento o actitud, sobre su grado de responsabilidad en su propio maltrato y muerte. De hecho, fueron 23 las adolescentes entre 13 y 18 años asesinadas, frente a las 16 registradas en el informe de 2010, por ejemplo. Las franjas más castigadas siguen siendo las jóvenes y adultas (82 víctimas tenían entre 19 y 30 años, 92 estaban entre los 31 y los 50). Pero el femicidio también afecta a las mayores, con 33 víctimas con edades comprendidas entre los 51 y los 65, y 25 mayores de 66. Las niñas menores de 13 años fallecidas fueron 17.
En un país donde much@s jóvenes piensan que la ropa que usan sus pares, que su conducta, que su pose en una foto justifica, provoca, incita que sean violentadas o muertas, cómo evitar que cada año no haya decenas de Melinas, víctimas sin consecuencias. Son visiones que traen su correlato en las acciones, en 2014 11 chicos de entre 13 y 18 años, 72 jóvenes entre 19 y 30, 96 adultos entre 31 y 50, y 37 mayores de 51 decidieron acabar con la vida de una mujer. Por ello, La Casa del Encuentro una vez más propone trabajar desde todas las currículas educativas los diferentes niveles de la violencia sexista.
No es sólo una cuestión de formar a la juventud, la asociación considera las capacitaciones necesarias para todos los actores: l@s profesionales que trabajan en el ámbito de la violencia de género, las fuerzas de seguridad (resulta llamativo que 18 de los victimarios en 2014 perteneciesen a este sector) y el funcionariado de la justicia. La ley es sólo papel mojado si no se reglamenta como reclama la asociación, con un plan, con presupuesto, con refugios, con instancias de seguimiento, para que en algún punto de la historia que hay detrás de cada muerte intervenga el Estado: enseñando a l@s jóvenes nuevas formas de relacionarse, impidiendo que el maltratador vea su idea de la mujer cosificada refrendada una y otra vez en los medios de comunicación, garantizando que las mujeres puedan encontrar a servidor@s públicos capacitad@s que le puedan dar una respuesta, ofreciendo refugios y apoyo económico para no dejar a la víctima abandonada a su suerte. Pues de todas las mujeres fallecidas, 39 habían presentado denuncia y 4 tenían orden de exclusión del hogar.
En definitiva, se trata de prestar atención a cada uno de los componentes de un plan que dote de herramientas al espíritu de la ley. Hacer que la protección sea realmente integral: abordar la prevención, garantizar la sanción, para que erradicar la violencia contra las mujeres, sea un objetivo a cumplir y no una bien intencionada declaración.
Víctimas vinculadas y colaterales
La violencia de género no se detiene en la mujer, destruye a su entorno, a las hijas e hijos, a las nuevas parejas, son decenas los femicidios vinculados cada año, hij@s y familiares asesinados para dañar a la mujer, o que fueron víctimas circunstanciales del impulso homicida del victimario en su ataque. Luego están l@s que se quedan, las víctimas colaterales, las niñas y niños que se quedarán sin madre, much@s de ell@s expuestos a convivir con el agresor. El año pasado fueron más de 330 aquell@s que quedaron huérfanos de madre, de ell@s al menos 200 eran menores. Y acá siguen las demandas de La Casa del Encuentro, pues qué sentido tiene contabilizar el horror si no es con el objetivo de erradicarlo: para ello promueven que se apruebe el proyecto de ley para la “Privación de Patria Potestad del padre condenado por homicidio agravado conforme Art 80 inciso 11) del Código Penal de la Nación Argentina”.











1 Comentario
La cuota alimentaria tiene su parte negativa, hay que blanquear el tema hoy que ya nadie es un «sujeto moral ni ético». Hay que hablar de Renta Básica Universal y de control de la natalidad para solucionar la pobreza y violencia que es estructural y transversal (no solo de género)