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¿Quién cuida y quién debería cuidar a las personas dependientes?
La División de Asuntos de Género de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) acaba de publicar el informe Consulta sobre las políticas de cuidados de personas dependientes de América Latina. Coordinada por Sonia Montaño, la investigación da cuenta de consultas digitales llevadas a cabo durante marzo del 2012 a líderes y lideresas de la región sobre cómo funcionan y cómo deberían funcionar las políticas de cuidado. A continuación presentamos las conclusiones y la posibilidad de descargar el texto.
COMUNICAR IGUALDAD- a- Los hechos básicos (tal como son percibidos por los líderes de opinión). La consulta registra una mayoría abrumadora de opiniones convergentes entre los líderes de opinión: son las familias, y las mujeres dentro de ellas, las que están a cargo del cuidado de las personas
dependientes. No son las únicas, sin embargo. Una amplia mayoría piensa que ciertas instituciones, principalmente públicas y del área social, implementan algunas políticas de cuidado. Las convergencias y el tamaño de las mayorías sugieren que éstas son, efectivamente, las opiniones predominantes entre los líderes de opinión latinoamericanos.
• La identidad precisa de las instituciones que implementan políticas de cuidado varía según los países, pero las más activas serían ministerios como los de desarrollo social o salud. Sólo un quinto de los consultados (22%) piensa que en sus países no hay políticas de cuidado “significativas”. Esta proporción es máxima en los países andinos (28%) y mínima en la región angloparlante (0%).
b. ¿Cómo deberían ser las cosas en este plano? Las responsabilidades en materia de cuidado deberían ser compartidas. El responsable primario debería ser el Estado, y luego las familias. Este clima de opinión (por las mismas razones ya indicadas en el punto anterior) es también, casi seguramente, el predominante entre los líderes de opinión latinoamericanos.
• Casi todos los consultados (95%) piensan que el presupuesto público debería contribuir a financiar la demanda de cuidado.
• La otra idea muy aceptada (78%) es la de un sistema de copagos entre las familias y el Estado, sistema cuyos detalles dependerían de los ingresos de los hogares.
c. La insuficiencia de las políticas actuales y los rumbos posibles. Consistentemente con lo anterior, masivas mayorías de consultados creen que las políticas actuales no son suficientes para satisfacer las demandas de cuidado, y que se necesitan nuevas políticas. Tres de las mencionadas reciben apoyos muy vigorosos: a) “más centros infantiles, casas cunas y escuelas de tiempo completo”; b) “más centros diurnos y nocturnos para adultos mayores”, y c) “invertir en programas de vivienda asistida para adultos mayores”. Lo esencial aquí es que niños y adultos mayores tengan ámbitos de cuidado fuera del núcleo familiar. Esto avanza en la misma dirección que los puntos anteriores: al menos parte de la tarea de las familias (esto
es, de las mujeres) debería institucionalizarse, migrando desde el espacio familiar al social.
d. Facilitando la participación de las mujeres. El cuestionario preguntaba por cinco iniciativas en este plano. Cuatro de ellas reciben un importante apoyo: a) “favorecer el acceso de las mujeres al mercado de trabajo”, b) “fomentar una mayor participación de los hombres en las tareas del hogar”, c) “ampliar la oferta pública de cuidado de las niñas y niños de menor edad (entre 0 y 4 años)”, y d) “implementar servicios comunitarios de cuidado de niñas/os y ancianas/os”. Éstas deben ser, efectivamente, las opiniones predominantes entre los liderazgos de opinión regionales. La idea de ampliar los horarios escolares recibe menos apoyo que las anteriores.
e. La disposición a enfrentar socialmente el cuidado de las personas dependientes. El apartado 5.2 del texto de este informe presenta los detalles de la construcción de un índice que resume la disposición a enfrentar socialmente el cuidado de las personas dependientes, aliviando la responsabilidad de las mujeres. Los resultados ordenan a los consultados en tres grandes grupos (aproximadamente un tercio cada uno: 35, 33 y 32%) a los que, en aras de la brevedad, se los llama disposiciones alta, media y baja (a enfrentar socialmente el cuidado de las personas dependientes). Sin embargo: en un clima de opinión francamente favorable a estas ideas, esos rótulos resumen una disposición en términos relativos a las características del
conjunto de los líderes de opinión. Los consultados cuya disposición en este plano puede ser considerada “baja” en términos absolutos son una pequeña minoría (8% del total).
a. La disposición de las mujeres es, como se podía esperar, claramente más alta que la de los hombres: la mayoría relativa de ellas está en el grupo alto (45%), y la mayoría relativa de los hombres en el grupo bajo (41%).
b. En términos sub regionales, la disposición más alta se observa en los países andinos (42%), y la más baja en la región angloparlante (67%). Las actitudes de los observadores extrarregionales (de alta a baja, 36, 29 y 35%) son similares a las observadas en el MERCOSUR/Chile (respectivamente, 32, 35 y 33).
c. También se encuentran diferencias según la actividad principal de los consultados. La disposición más alta a enfrentar socialmente los cuidados de las personas dependientes se encuentra entre los académico y expertos, luego los funcionarios públicos, y luego los líderes sociales y culturales.
d. En el conjunto de las opiniones y actitudes analizadas, esta disposición a enfrentar socialmente el cuidado de los dependientes diferencia las respuestas bastante más que el sexo de los consultados. El índice que mide esta disposición identifica actitudes de fondo que están presentes en un grupo relativamente numeroso de mujeres, y otro menos numeroso de hombres (todos los consultados de disposición “alta”), y a la inversa, un grupo más pequeño de mujeres y más amplio de hombres (todos los de disposición “baja”). El índice corta la frontera del género y reúne a hombres y mujeres
que piensan del mismo modo: por un lado los “innovadores culturales” en este plano (los de disposición alta a enfrentar socialmente el cuidado de las personas dependientes), y por otro los defensores de los valores socio culturales actuales (los de disposición baja).
f. Los preescolares. Los consultados creen que el cuidado de niños/as fuera del hogar debe comenzar varios años antes del inicio de la escuela. El 60% de las mujeres (y el 47% de los hombres) opinan que los niños deben asistir a centros infantiles antes de los dos años de edad. En este aspecto la disposición a enfrentar socialmente el cuidado de las personas dependientes está asociada a diferencias de opinión más amplias. Entre los consultados cuya disposición es alta la respuesta más frecuente es “a partir de los primeros meses” (37%), cifra que cae a la mitad (18%) entre los de predisposición baja.
g. Las expectativas. Las dos terceras partes de los consultados creen que durante la próxima década las políticas de cuidado tenderán a expandirse. En este plano los juicios no son muy diferentes entre hombres y mujeres, o según las predisposiciones hacia las políticas de cuidado.
h. Líderes de opinión y desigualdades de género. En la consulta se examinaron algunas políticas de cuidado útiles para reducir la desigualdad de género. Dar forma concreta a esas políticas asegurando su viabilidad política seguramente no es una tarea fácil. Pero las actitudes de los líderes de opinión regionales en estas materias están claramente un paso más adelante que el estado actual de la situación. Aunque no suficiente, ésta es probablemente una condición necesaria para el desarrollo de políticas de esa naturaleza. Ese “estar un paso adelante” de los
líderes de opinión es la conclusión más general y probablemente más importante del estudio.
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