“El encierro no cura”

Desde el 2010 Argentina cuenta con una nueva Ley de Salud Mental, de avanzada en el mundo, que, entre otros lineamientos: propone internaciones breves y reconoce a las personas con padecimientos mentales como sujetxs de derecho. Para hablar de este tema, y de cómo está abordando la salud mental la diversidad de género, entrevistamos a Edith Benedetti, interventora general del Hospital Nacional en Red (ex Censareso). “El encierro no cura y el trabajo clínico debe apuntar a recomponer y a fortalecer el lazo social” señala.

Por Mariana Fernández Camacho

COMUNICAR IGUALDAD- El 2 de diciembre de 2010, el Poder Ejecutivo promulgó la Ley Nacional de Salud Mental, y una vez más la Argentina tomaba la posta con una normativa que le pateaba el tablero “al paradigma”. Entre otros puntos, la 26657 fue la única ley en el mundo que se animó a proponer internaciones breves y a reconocer a las personas con padecimientos mentales como sujetos de derecho.

En la misma línea se presentó el Plan Estratégico del Hospital Nacional en Red, conocido antes como Cenareso y convertido hoy en referencia obligada para el abordaje y tratamiento del consumo problemático de drogas. A un año y medio de asumir como interventora general del Hospital, hablamos con Edith Benedetti sobre los avances y desafíos que implica poder pensar en clave de géneros para asegurar el derecho a la protección de la salud mental de todas las personas.

– ¿Con qué tiene que ver el cambio de nombre del hospital?

CENARESO significaba Centro Nacional de Reeducación Social y fue una institución que se fundó en 1974. Pensar las épocas y pensar los nombres permite entender desde dónde se está pensando una problemática, y era necesario para la gestión del Ministerio de Salud que este hospital fuera un lugar de aplicación de la nueva Ley de Salud Mental y quitar del marco del tratamiento de las adicciones lo que se entendía como reeducación social. Porque hace a un paradigma distinto de cómo pensar la problemática. La Ley de Salud Mental justamente plantea que alguien que tiene un consumo problemático tiene derecho a tener asistencia, a tener tratamiento dentro de los servicios de salud mental de los hospitales generales, y entiende que la intervención de la internación es un recurso último. Nosotros creemos que no hay una práctica que no sea política y epistémica. Siempre se interviene desde determinado lugar. Y la proliferación de granjas de rehabilitación tuvo que ver con determinado momento político y con determinadas políticas públicas —que se fueron llevando a cabo en nuestro país y en toda Latinoamérica— muy vinculadas a la reeducación o a la inadaptación social. Es decir, se trabajaba con el aislamiento de las personas: separadas de su entorno familiar y comunitario, del plano educativo y laboral. Lo que nosotros, en cambio, sostenemos es que el encierro no cura y que el trabajo clínico debe apuntar a recomponer y a fortalecer el lazo social.

cena

 

–  ¿Qué notaron en esta nueva etapa con las pacientes mujeres?

Aunque el porcentaje de pacientes mujeres no iguala al de los varones, si hace un año y medio eran el 1% hoy representan el 40%. Y las consultas de mujeres se han incrementado tanto en lo que conocemos como hospital de día —asistencia ambulatoria durante el día con distintas actividades terapéuticas—, como en consultorios externos y en internación. Esto tiene que ver con la posibilidad de la oferta de un tratamiento. Es decir, no significa que antes no hubiera demanda por parte de las mujeres, sino que hoy el Hospital en Red está dando respuestas a necesidades concretas. Por ejemplo: un chico que está en situación de pasillo se puede internar si logramos generar la confianza, el lazo; en cambio una chica en situación de pasillo con hijos no, porque sabe que si se interna Minoridad puede dar a sus hijos en adopción. En ese marco, armamos un proyecto con la ONG Hogar de Cristo que nos permitió ofrecer un tratamiento más protegido para las mujeres. Es una mezcla entre los dispositivos de casas amigables con casas de medio camino, y lo importante es que pueden quedarse ahí con sus hijos e hijas y trabajar ese vínculo. El vínculo que se tiene con el consumo y el vínculo en relación a sus niños y a la función materna. Esta es una complejidad que no estaba abordada, no había lugar donde las pacientes pudieran demandar porque cuando se acercaban a una comunidad terapéutica les sacaban a los chicos.

– ¿Y cómo está funcionando esta experiencia?

Comenzamos hace aproximadamente un mes. Lo vamos armando, pero ya hay cinco mujeres viviendo en la casa. El Hogar de Cristo pone la infraestructura y el trabajo comunitario, y el equipo de salud mental del Hospital trabaja con estas mujeres en la semana. Ahora queremos agregar enfermería los fines de semana también. Durante la convivencia tienen que resolver situaciones de limpieza, de comida… como si fuera su casa, junto con el acompañamiento del equipo. Y por las noches no están solas porque viven con un matrimonio y sus hijos que son responsables de la ONG. Se trata de un dispositivo nuevo. Lo que nosotros decimos es que hay que crear, hay que pensar todo el tiempo cuál es la necesidad y a partir de eso ir armando dispositivos

– ¿Y con qué otros ejes relacionás el significativo aumento de pacientes mujeres en el último año y medio?

El edificio nuevo del hospital tuvo mucho que ver, porque ya no hay pabellones con un baño para varones y otro para mujeres, sino habitaciones para una o dos personas con baños privados.

Estas obras facilitaron el trabajo con la comunidad trans también. Antes se complicaba la internación. Era muy feo en realidad porque los baños eran compartidos, al fondo de un lugar pabellonado y las duchas no tenían compartimentos de intimidad, entonces resultaba muy incómodo para las chicas trans. Pero también recuerdo el caso de una adolescente que había sufrido quemaduras por un accidente y fue todo un tema tapar con cortinas para que ella tuviera cierta intimidad para bañarse… bueno, ahora esa condición más digna y de intimidad en la internación está resuelta.

– ¿Tenía que ver con la incapacidad de abordar una demanda específica de las pacientes mujeres y trans, entonces?

Tal cual. Cuando se ponen muchas trabas para llegar a un tratamiento, efectivamente llegan pocos. Si en vez de tener una demanda espontánea se trabaja con una demanda programada y alguien tiene que acercarse a buscar un turno y volver otro día para que le hagan la admisión, y después otro más para que le den un tratamiento, en el camino los y las pacientes caen. Sólo llegan quienes están en mejores condiciones pero el que más lo necesitaba no vuelve. Una vez que alguien se animó a pedir algo, si no tiene ahí una recepción no vuelve. Por eso es importante tener demanda espontánea y no elegir pacientes. Y me parece que eso también cambió la perspectiva, porque por un lado al que llega lo atendemos pero también salimos a buscar y a contarles a las mujeres que están en situación de pasillo que hay un tratamiento posible, que hay un lugar donde se las está esperando para anudar algo que está totalmente desandado. Muchas de ellas vienen con representaciones muy terribles, de situaciones donde las internaron y les quitaron a sus hijos sin avisarles por ejemplo. Familiares, Minoridad… hay instituciones que a veces pensando que van a hacer un bien destruyen a una persona. Entonces, deconstruir estas representaciones como institución estatal es toda una tarea. Pero una vez que se pone en marcha algo distinto empieza a pasar. Una anécdota: hace un tiempo fuimos con el consultorio móvil hasta una ranchada que hay cerca del club Huracán. Nos acercamos para ver si querían charlar, darles fruta, agua… Y había una chica que tenía los pies muy lastimados, porque al estar en situación de calle se lastima mucho la piel. El equipo estuvo charlando, diciéndole que si subía al consultorio móvil le podíamos curar los pies y lo que le dolía tanto podía ceder… finalmente, la convencimos y subió. Mientras la enfermera le curaba los pies, charlaba con la psicóloga. Cuando terminaron con las curaciones, la chica se puso a llorar desconsoladamente y dijo: “Yo pensé que no me iban a querer tocar. Lo que pasaba es que estaba muy avergonzada porque tenía olor, porque sus pies estaban en mal estado y temía ser rechazada. Esas también son formas de construir confianza. Esa chica hoy viene todos los días a la casa amigable, no está más en la ranchada, se puso en pareja… empezaron a pasarle otras cosas. Venía con mucha experiencia de ser rechazada pero encontró gente que la trató como un sujeto de derecho. Así se construye el lazo social. Me parece que eso también marca y por eso creo que hay muchas más pacientes en tratamiento —tanto en el primer nivel como en el hospital— que son mujeres y trans. Porque fuimos complejizando desde la propuesta del tratamiento. Es decir, cambiamos por un modelo de gestión más amigable pero también cambiamos el modelo de intervención.

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