Mortalidad de mujeres gestantes: bajan los índices aunque se mantiene la desigualdad y el subregistro

Las últimas estadísticas de mortalidad de mujeres gestantes (mortalidad materna) del Ministerio de Salud de la Nación, correspondientes al año 2012, hablan de una reducción de los altísimos índices que siempre tuvo Argentina en relación con otros países del mismo nivel de desarrollo de América Latina. Consultamos a organizaciones de la sociedad civil y al propio Ministerio para que nos dieran sus miradas especializadas sobre el tema. Se ven como aspectos positivos la implementación del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable, las capacitaciones en atención de la emergencia obstétrica y la regionalización del programa, y se llama la atención sobre el muy probable subregistro y la enorme desigualdad entre las diferentes regiones del país.

Por Sarah Babiker

COMUNICAR IGUALDAD- A principios de mayo de este año, la revista científica The Lancet publicaba un estudio de la Universidad de Washington sobre mortalidad materno infantil, en el que se valoraban positivamente los avances hechos en los últimos años en la Argentina. Desde el Ministerio de Salud la publicación fue recibida con satisfacción declarando su titular, Juan Manzur, “que la Universidad de Washington y The Lancet, la principal revista médica del mundo, reconozcan que en la Argentina y otros países se han reducido la mortalidad infantil y materna no hace más que darnos nuevas energías para profundizar el camino iniciado en 2003 y que ha hecho posible registrar las tasas más bajas de la historia en esos dos indicadores sociales tan sensibles”.

En particular, el ministro se felicitó porque “luego de muchos años de estancamiento, la mortalidad materna viene cayendo en forma sostenida en los últimos cuatros años«, remitiéndose a las estadísticas de su Ministerio. El último registro de muerte materna es de 2012, con una tasa de 3,5 fallecimientos por cada 10.000 nacidos vivos; pero la información preliminar de 2013 es altamente alentadora y se estima que descenderá a 2,5 muertes por 10.000 nacidos vivos, lo cual nos coloca más cerca de alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

En COMUNICAR IGUALDAD hemos querido conocer las opiniones de organizaciones y activistas, no solo sobre las estadísticas de mortalidad materna, sino también sobre el contexto de las mismas y las perspectivas de futuro. También consultamos al Ministerio de Salud de la nación aunque, lamentablemente, no nos dieron su mirada sobre el tema.

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En las organizaciones, se parte de la problematización del término mismo, pues, como afirma Cristina Zurutuza, socióloga de CLADEM Argentina,quienes abortan (como mínimo un tercio de las consideradas muertes maternas – no solo no llegan a ser madres, sino que no quieren serlo”. Por ello, como proponen las organizaciones como CLADEM y desde una perspectiva feminista, hablaremos de mortalidad de mujeres gestantes.

Respecto a las estadísticas, podríamos encontrarnos ante un posible problema de sub representación de la mortalidad. Según el Observatorio de Salud Sexual y reproductiva (OSSyR), estudios previos darían cuenta de esta subcuantificación, en particular “para aquellas muertes debidas a causas obstétricas indirectas, en mujeres con problemas de salud previos agravados como consecuencia de la gestación”. Por su parte, Zurutuza recuerda que las estadísticas “al igual que en toda Latino América, no son del todo confiables”, entre otras razones, porque “no siempre los médicos ponen como causa de muerte aborto, sino otras como paro cardio respiratorio o hemorragia, sin especificar que haya sido consecuencia de un aborto inseguro”.Es posible que haya algunos problemas vinculados a sub-registros” coincide Ruth Zurbriggen, de la colectiva feminista La Revuelta”.

Estado, pobreza y medicina hegemónica

Más allá de la exactitud de las estadísticas, se reconoce una apuesta del Estado en la reducción de la mortalidad de mujeres gestantes. Así tanto Zurutuza como las personas integrantes del OSSyR destacan el rol del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable en la mejora de las estadísticas. En el mismo sentido, el Centro de Estudios menciona las capacitaciones en la atención de la emergencia obstétrica y la regionalización del programa, destacando en particular los casos de las provincias de Santa Fe y Córdoba, y más recientemente en la provincia de Buenos Aires.

Luego están las dificultades persistenteslos horarios restringidos, la falta de acceso a la anticoncepción hormonal de emergencia en centros de atención primaria y durante las 24 horas, en tanto es un método de emergencia, y la llamada objeción de conciencia” en palabras de Zurutuza, junto al desafío que supone el carácter federal del Estado y la dispar aplicación de políticas y programas que “deben ajustarse a la realidad local con una fuerte rectoría de la autoridad sanitaria”, apuntan desde el OSSyR, destacando que “para que la reducción sea equitativa y justa como las mujeres se merecen, estos esfuerzos deben atravesar todas las provincias, en acciones coordinadas y monitoreadas y con fuerte voluntad política”.

Zurbriggen pone el foco en la pobreza y las desigualdades existentes entre regiones, y en relación con esto, las dificultades de acceso a servicios sanitarios que sufren carencias de infraestructura y profesionales adecuados. Junto a estos obstáculos destaca “las intrincadas formas de violencias que se presentifican también en los sistemas de salud, ejercidas por distintos agentes y efectores de salud”. Profesionales no siempre familiarizados con los derechos sexuales y reproductivos debido a que “la formación académica en estos temas sigue siendo relegada al último lugar en la jerarquía de saberes dignos de ser enseñados en las universidades y en las carreras de medicina”. En el mismo sentido, Zurutuza apunta al “autoritarismo del sistema médico, su sesgo sexista, el maltrato a usuarios /as, pero en especial a mujeres. La desobediencia a marcos legales como el parto humanizado (…) todo ello en el marco generalizado de deterioro del sistema de salud pública”.

Apuestas de futuro

Ante estas dificultades Zurutuza apunta a la necesidad de una mejora en la calidad de la atención, incidiendo en capacitación en derechos humanos y género. Derechos sobre los que habría que concienciar también a las personas usuarias, subrayando que no están recibiendo favores sino que tienen derecho a una buena atención”. Zurbringgen por su parte reclama “una gran inversión presupuestaria en materia de salud pública y en particular en programas específicos vinculados a estos temas”. No solo inversión económica sino “cambios profundos en las curriculas de formación de grado, post-grados y doctorados”. Y, sobretododespenalizar y legalizar el aborto. Luego de esto, impedir que la corporación médica imponga su privilegio de la objeción de conciencia y con eso llame a desacatar leyes”.

La mejora de las estadísticas, la constancia del monitoreo, también por parte de la sociedad civil, se apuntan como fundamentales, en una tarea en la que, como nos comentan desde el OSSyR, más allá de esfuerzos intersectoriales, “el rol de liderazgo de la autoridad sanitaria es clave tanto para que en las provincias otorguen a la reducción de las muertes maternas un lugar prioritario, como para que se reduzca la omisión de las muertes maternas”.

Claro, no estamos como en los ’90, porque es evidente que el Estado tiene un rol bien diferente a los tiempos neoliberales que arrasaron con todo, y dejaron su marca indeleble” cierra por su parte Zurbriggen, concediendo que la situación ha mejorado en los últimos años “… pero esos cambios no son ni tan rápidos ni tan determinantes en la materia como para decir que se está saliendo de esa situación”. Y añade: “si nos avenimos a los Objetivos del Milenio -donde los Estados miembros de las Naciones Unidas se comprometieron a reducir en tres cuartas partes la tasa de mortalidad derivada de la maternidad para 2015-, y los compromisos allí asumidos, las estadísticas con las que contamos a un año de sus evaluaciones, son poco alentadoras”.

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