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Soledad Zapata: también acusada por su rol “como garante de vida”
El caso de Yanina González recuerda a otros en los que la justicia dejó de serlo y se ensañó con otras mujeres pobres. Tal fue el caso de Soledad Zapata, quien fue a acusada por no defender a sus hijos de su pareja. También se apeló a su “deber como garante de vida”. Cuando lo insólito se vuelve regla: acusar a mujeres inocentes, pobres y vulneradas en sus derechos.
Por Jésica Farias
COMUNICAR IGUALDAD – “Tanto la Fiscalía de Género de Pilar como el juez no son muy expeditos: hice dos presentaciones y en cada una tardaron un mes en responderme. En la primera, pedimos una ampliación de la indagatoria porque el anterior defensor le había dicho que no declare cuando era sumamente necesario que presente y diga cómo fueron los hechos. Después, pedí un sobreseimiento que aún no me respondieron”, enumeró a esta agencia Gabriela Conder, la abogada que lleva la causa de Yanina González, encarcelada injustamente en la Unidad Penal 33 de Los Hornos desde hace más de ocho meses.
Yanina González pasó por la comisaria de Derqui, en donde dijo que su pareja –que no es padre de la nena- había golpeado a la chiquita. En esa dependencia, el trato con el femicida fue rápido, casi de lujo, cuando hizo su descargo al ser señalado y aún no se lo investiga a pesar de los dichos de quien sigue detenida. “No se vaya que en un ratito su hijo va a tomar mate con usted”, le dijo una de las policías a la madre del hombre, que según la joven, golpeó a la nena de dos años hasta matarla. Indigna, duele. Mientras, la que lloraba a la pequeña, era acusada por abandonarla.
Algo parecido pasó en la provincia de Entre Ríos un año atrás cuando acusaron Soledad Zapata por no cumplir con su deber como garante de la vida de sus hijos Hugo y Rodrigo, de 7 y 3 años, torturados y asesinados por la pareja de la mujer, Víctor Javier Álvarez. En ese contexto de violencias, las instituciones tampoco vieron que ella misma era una víctima. En ese caso, también se apeló al mandato cultural y patriarcal que indica que una madre siempre debe cuidar de sus retoñxs.
“Joven-anciana, analfabeta, con las marcas en su rostro y cuerpo de la tortura, con el sufrimiento por la muerte de sus hijos, con una historia de abandonos por parte del Estado y con estrategias de sobrevivencia que aumentaron su malestar. HIV positiva”, así la describió el psiquiatra Enrique Stola, perito en la causa. Finalmente, y luego de un calvario, el Tribunal presidido por Patricia Pérez (presidenta de la Cámara Penal de Concordia) y jueces Martín Carbonell y Carolina López Bernis como vocales, absolvió por unanimidad a Zapata y condenó al femicida, Víctor Álvarez.
“Me parece durísimo que a una madre que acaba de perder a su hija le imputen el homicidio de la misma”, reflexionó Conder sobre Yanina. La abogada ya tuvo otra batalla: fue parte del equipo de defensa de Marina y Ailén Jara, las hermanas encarceladas durante casi dos años por defenderse de un vecino que las acosaba. Otra señal del sistema judicial que muestra su hilacha machista y al que se le cae la venda cuando quienes se sientan en el banquillo son mujeres y pobres.
La letrada, que se muestra expectante, señaló que a pesar del panorama espera el sobreseimiento de la joven que parió y cría entre las rejas de la Unidad Penitenciaria 33, la misma por la que pasó Reina Maraz, acusada provisoriamente de haber asesinado a su marido, quien la violentó durante su relación. La joven migrante estuvo en la cárcel sin saber por qué estaba entre muros: habla quechua y no tradujeron la acusación.
La Justicia para pocas se posiciona, se repite, parece naturalizada. Si nos acusan sin pruebas e invalidan la cadena de violencias, Yanina, Reina, las hermanas Jara o Soledad podría ser cualquiera de nosotras porque es muy claro, tanto que asusta pero no aquieta: el sistema se ensaña con las mujeres.
Nota central:
Un hombre mata a la hija de su pareja y la Fiscalía encarcela a la mujer por abandono de persona