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¿Cómo viven la violencia las mujeres migrantes?
Mientras agencias de las Naciones Unidas trabajan en conjunto con la Oficina de Violencia Doméstica de la CSJN para garantizar un real acceso a la justicia de la población migrante, las mujeres agrupadas en la asociación civil AMUMRA también promueven el empoderamiento para disminuir las agresiones de quienes dejaron su país de origen. Enaltecen la Ley de Migraciones de nuestro país pero reafirman la necesidad de capacitar a funcionarixs sobre esta norma de avanzada en derechos humanos.
Por Jesica Farias
COMUNICAR IGUALDAD– “Para evitar la violencia, el trato de las personas que trabajamos
con las víctimas también tiene que cambiar totalmente porque ellas necesitan contención en ese momento, cuando denuncian. Aquí les decimos ‘nosotras somos una más´, le damos confianza para ir empoderándolas poco a poco”, reflexiona para esta agencia la presidenta de la Asociación Civil de Derechos Humanos Mujeres Unidas Migrantes y Refugiadas en Argentina (AMUMRA), Natividad Obeso, que llegó desde Perú hace 20 años y supo sentir la inseguridad en su propio hogar, paredes adentro.
Es por eso que la organización está realizando capacitaciones a promotoras socio-comunitarias para frenar el flagelo que vulnera por partida doble: “Las mujeres migrantes experimentan una doble vulnerabilidad frente a la violencia. En primer lugar, por su condición de mujer, que refleja las desigualdades de género existentes tanto en sociedades de origen como de destino, y en segundo por su condición de migrantes”, afirma una hoja informativa elaborada por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) que fuera presentada durante encuentros realizados junto a la Oficina de Violencia Doméstica (ODV) de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) durante el 2013.
Frente a las necesidades que tienen las mujeres migrantes que sufren violencia por parte sus parejas, vecinas/os, compañeras/os del trabajo o de la escuela, AMUMRA abrió capacitaciones en donde enseñan “las diferentes modalidades de violencias, las leyes argentinas, y también cómo pueden atender a las víctimas y cómo detectar a un maltratador”.
“Si bien la norma es pionera, lastimosamente no tiene mucha divulgación y muchos migrantes no la conocen, pero además, depende de cómo la ponen en marcha funcionarios de diferentes instituciones y eso también sería un inconveniente, porque muchas veces tenemos a algunos que no desempeñan bien su labor y eso complica el desarrollo de las migrantes”, detalla, aguda, Villamil, que conoce el tema: por su nacionalidad, en el aeropuerto le preguntaron sobre estupefacientes. Y sigue: “Muchas veces, las que sufren no tienen el trato que necesitan, muchas veces quienes deberían protegerlas no están en las condiciones de ofrecer apoyo, entonces, ¿Qué hace una mujer que no tiene a donde ir?”.
La sociedad civil
Frente a la necesidad de que sus hijxs tuvieran derecho a la educación, un grupo de mujeres migrantes decidió armar AMUMRA. Aún la Ley Nº 25.871 no se había sancionado y el acceso a los estudios formales era sólo para quienes portaran DNI. Fue luego de 2003 cuando extendieron “su plan de acción a la defensa de los Derechos Humanos plenos para la mujer migrante y refugiada y su familia”, tal como indican desde la asociación civil que tiene su sede en la Ciudad de Buenos Aires, a unos metros de la concurrida estación de trenes Once.
“Realizamos, muchas veces a pulmón, varias actividades para que los derechos de las y los migrantes no sean vulnerados. Día a día nos llaman muchas mujeres maltratadas, vejadas, en situaciones de mucha precariedad. Cuando llega una mujer víctima de violencia, la asistente social elabora un informe de acuerdo al cual vemos las necesidades y si es que nosotras podemos ayudarlas. A partir de ahí, muchas veces empezamos a articular con organismos gubernamentales. Enviamos, llevamos a la mujer a los lugares en donde pueden saciar sus necesidades básicas. Las contenemos”, relata a COMUNICAR IGUALDAD la presidenta de AMUMRA sobre las acciones que realizan desde la organización.
Nota central:
Para que la violencia no les dé la bienvenida