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“El Capítulo J de Beijing no integra la agenda política global”
La recientemente creada Alianza Global en Medios y Género (GAMG) tiene la posibilidad de revertir la poca atención que hasta ahora recibió el tema de comunicación y género en el debate global –como un ámbito imprescindible de lucha para el logro de la igualdad de género y el desarrollo sustentable-, pero esto dependerá mucho del interés que pongan en ello quienes la integran. Este es uno de los ejes de análisis que la investigadora italiana Claudia Padovani desarrolla en la siguiente entrevista, en la que recorre el compromiso de las diferentes regiones del mundo con el Capítulo J de la Plataforma de Acción de Beijing –referido al logro de la igualdad de género a través de los medios de comunicación- y analiza los claros y oscuros de la GAMG creada la semana pasada en Bangkok durante el Foro Global de Medios de Comunicación y Género.
Por Sandra Chaher, desde Bangkok
COMUNICAR IGUALDAD- Claudia Padovani es investigadora de la Universidad de Padua, Italia, y una de las impulsoras del proyecto Mapping Global Media Policy que se propone como una cartografía global de los medios de comunicación.
En esta entrevista, brinda un panorama completísimo del compromiso que observa a nivel global con el cumplimiento del Capítulo J de la Plataforma de Acción de Beijing –que se aprobó en 1995- y de los claros y oscuros de la recientemente creada Alianza Global en Medios y Género (GAMG).
Si tenés que hacer un balance global: ¿qué dirías de cada una de las regiones del mundo en relación al cumplimiento del Capítulo J sobre medios
de comunicación de la Plataforma de Acción de Beijing durante los últimos 18 años?
En términos generales, creo que el Capítulo J es una normativa crucial de referencia para todas las regiones del mundo. Es muy bien conocida entre profesionales, investigadores y personas que trabajan en temas de incidencia y ha provisto la base sobre la cual se han realizado muchísimas otras intervenciones. También creo que no ha sido una de las “áreas problemáticas” más relevantes de la Plataforma de Acción de Beijing y, por lo tanto, es central sólo para grupos específicos de personas interesadas en el tema pero no parece haberse transformado en un tema verdaderamente crucial y prioritario como para integrar la agenda política. Y los mismos medios de comunicación parecen ser los que menos asumieron el Capítulo J como una guía de acción. Por otra parte, creo que hay grandes diferencias en la implementación del Capítulo J entre las diferentes regiones. Si bien no estoy familiarizada con todo lo que sucede en cada región, mi impresión es que, a pesar de los contactos entre las diferentes personas que promueven el Capítulo J en cada lugar desde 1995, los desarrollos del mismo han sido bien diferentes. Europa adoptó la Plataforma de Acción en 1995 y sus instituciones se dieron varios documentos vinculados a mujeres y medios que de alguna manera reflejan el Capítulo J. Sin embargo, estas normativas –“leyes blandas” y nunca articuladas en un marco coherente- reflejan las diferentes orientaciones de las instituciones europeas y su preocupación de no ‘molestar’ a las empresas de medios de comunicación. A lo largo de Europa, los países muestran realidades muy diferentes, tal como vemos en los países del norte y del este del continente, donde la situación ha sido siempre menos problemática que en los países del sur (Italia, España, Malta, pero también Irlanda). Sin embargo, y a pesar de las muchas actividades nacionales, organizaciones, campañas y buenas prácticas, todavía queda mucho por hacer para alcanzar los objetivos planteados en Beijing, y ni hablar de los desafíos que nos traen las nuevas tecnologías digitales. Me parece, pero yo no diría que esto esté muy difundido, que América Latina ha hecho muchísimos progresos en los últimos 10 años en esta área, particularmente en la transversalización de los temas de género, o al menos algunos países, como Argentina, están mostrando algunos “modelos” muy interesantes. No solamente en términos de leyes y normativas, sino también de incidencia política y acción de las organizaciones. Yo puedo ver allí, definitivamente más que en Europa, que la cultura del “derecho a la comunicación” ha penetrado el contexto latinoamericano en las últimas décadas más que en otros continentes. Claro que todavía queda mucho por hacer, pero es muy positivo ver cuán innovadoras leyes e intervenciones se están viendo a lo largo de la región, que son fuente de buenos modelos y referencias para ser replicadas y adoptadas en otras regiones. Africa muestra situaciones muy diversas dentro del continente: por un lado, aún no fueron reconocidos ni puestos en práctica compromisos básicos para el logro de la igualdad; por el otro, algunas experiencias como GenderLinks, en la región sur del continente, hablan del poder y compromiso que pueden lograrse mediante tareas de sensibilización e intervenciones políticas, como la cobertura de noticias y la producción de materiales para capacitaciones. No estoy muy familiarizada con Asia y el sudeste asiático, pero lo que veo es una creciente preocupación y trabajo académico en el tema y conexión y cooperación con proyectos internacionales como el Proyecto Monitoreo Global o el Informe Global sobre la Situación de las Mujeres en los Medios de Comunicación realizado por la Fundación Internacional de Mujeres Periodistas (IMFW por sus siglas en inglés). Todo esto habla de la posibilidad de un entendimiento común de todas las regiones –y entre las diferentes partes interesadas en el tema- no sólo para la implementación del Capítulo J sino para trabajar sobre la base de un ambiente común de investigaciones, metodologías, comprensión del tema e intervenciones. Yo soy optimista en este sentido con la creación de la Alianza Global que fue lanzada en Bangkok, se basa sin duda en muchos años de acción, intervención, investigación y análisis. Beijing + 20 nos ofrece sin duda la oportunidad no sólo de revisar lo que se hizo en estos 20 años, y hacer un balance, sino que nos permitirá ir un paso más allá y crear las condiciones para mejorar la igualdad dentro y a través de los medios de comunicación.
Creo que el Marco aprobado en Bangkok es un marco muy general que se refiere a varios elementos y necesidades: UNESCO estableciendo algún tipo de liderazgo en el tema; la necesidad de hacer un balance de estos 20 años y pasar a la acción sobre las cosas que no se hicieron bien y sobre el lento avance que hemos tenido; la necesidad de muchos actores conscientes y comprometidos en el proceso de ser incluidos en la Alianza; y la posibilidad de elaborar una plataforma común para que operen todos estos actores. Ahora bien, me habría gustavo ver algunas cosas más en Bangkok. Por un lado, un rol más definido de la agencia internacional que lideró todo el proceso, lo cual yo creo que es crucial para que luego las cosas funcionen en un contexto global –pero la verdad es que todos sabemos lo difícil que es para UNESCO trabajar en la actualidad con los pocos recursos de que disponen-. Este mayor liderazgo habría implicado una mayor coordinación de la etapa previa a la realización del Foro Global: establecer objetivos y pasos a ser cumplidos. Que todo lo que se discutió en Bangkok se hubiera hecho sobre la base de una idea más articulada y un mayor marco de acción. Habrían hecho falta también referencias más explícitas a los recursos necesarios para activar una significativa plataforma transnacional: ningún proyecto ambicioso puede ser realizado sin recursos adecuados, sean ellos financieros, humanos y de conocimiento del tema… Una mejor articulación del Marco y Plan de Acción hubiera incluido detalles sobre este aspecto específicos de los recursos, mientras que lo que hemos visto en Bangkok fueron intentos de evitar referirse a este tema. También habrían sido necesarias mayores referencias respecto a los roles y responsabilidades de las partes involucradas en el proceso, incluidas las organizaciones de medios y las agencias gubernamentales, entre otras. Sobre todo yo habría querido ver un esfuerzo en vincular todo el proceso internacional –Beijing + 20 y la revisión de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y de la Cumbre de la Sociedad de la Información en el 2015- a los temas que hemos abordado en Bangkok. Un marco futuro de la Alianza debería haber adoptado una mirada más integral sobre los medios, no tanto en relación a cómo ellos son definidos en el Preámbulo del Plan de Acción sino en relación a cómo ellos se desempeñan frente a los desafíos, medidas de regulación y acuerdos gubernamentales.
En relación a la poca revisión que viene haciendo la Comisión sobre la Condición de la Mujer de las Naciones Unidas (CSW por sus siglas en inglés) del Capítulo J, ¿crees que esta alianza será útil para instalar el debate sobre medios y género dentro de la ONU y con vistas a la revisión de los ODM y la Conferencia de Pekin del 2015?
Yo espero que esto suceda: el objetivo central de la Alianza es precisamente “levantar el perfil” del tema a nivel global, pero haciendo un balance de lo que se
ha logrado, de los desafíos que hay por delante y de las nuevas condiciones generadas por los medios digitales. Yo no creo que los documentos que adoptamos en Bangkok sean suficientes: es necesario hacer mucho más para que este tema esté en la agenda –cooperación entre diferentes actores, la elaboración de propuestas específicas, el intento de vincular a los temas de comunicación y género con otros como familia, violencia, trabajo, empleo y la persistente discriminación- y hacer explícito para el público en general la centralidad de los medios en las transformaciones sociales y la necesidad de intervenir, particularmente en educación y capacitación de profesionales pero también de la población. Debe haber una conexión importante en la producción de literatura sobre comunicación y género, para esto debe haber un enfoque cooperativo que no parece ser característico de la estructura de UNESCO.
¿Qué expectativas tenés en relación al trabajo futuro de la GAMG?
Como investigadora, estoy muy contenta de cómo la GAMG incluyó las propuestas que vinieron desde el ámbito académico, que estuvo representado en Bangkok por la Asociación Internacional de Investigación en Medios y Comunicación (IMCR, por sus siglas en inglés). Tuvimos la oportunidad de definir una tarea para la comunidad académica que creemos que es relevante, factible y realista, de acá al 2015. Y que está incluida en el siguiente párrafo del Plan de Acción de la GAMG: “Constituir un Think Tank que desarrollará y propondrá una agenda de investigación en relación a medios y género que se basará en la investigación existente y propondrá nuevas áreas de investigación en respuesta a los desafíos emergentes del nuevo ambiente comunicacional. Esto puede incluir políticas y acuerdos regulatorios, el medio ambiente digital, la seguridad de las periodistas mujeres, las condiciones que crean o inhiben la igualdad de género en los medios. Esto podría ser un rol para la comunidad académica internacional”. Nosotras creemos que la GAMG es lo que quienes la integran hagan de ella. Haber definido un espacio para la comunidad académica, lo cual es deseable que se desarrolle con autonomía –y de hecho nosotras ya estamos planificando actividades sobre medios y género en el ámbito de nuestras propias conferencias-, es un signo de que mucho de lo que fue discutido e incluido en el Marco y Plan de Acción ha sido comprendido, y que dependerá del compromiso y del interés de las personas y grupos involucrados. No puedo decir que soy completamente optimista, pero veo el potencial de la GAMG para brindar un marco internacional integral que puede facilitar el intercambio de información y el aprendizaje mutuo entre personas que tienen compromisos comunes.
Nota central:
Un esfuerzo global para erradicar la discriminación de género en los medios.