“Ahora la mujer se puede dedicar al arte textil desde el placer, no desde el mandato”

En el barrio de Palermo, en el atelier Mantras del Sur, se ha inaugurado una galería permanente de arte textil con la muestra colectiva Habitar la Belleza, curada por María Elisa Luna y Analía Gaguin. Las 10 artistas plásticas participantes revelan en esta nota todos los lugares recónditos de su infancia, de sus recuerdos y de la tradición de lo cultural femenino a los que las llevó hacer arte textil.

Por Chiara Boschiero

COMUNICAR IGUALDAD- Tradicionalmente el arte textil, con sus diversas prácticas como el bordado, el telar, el estampado y el tejido, ha estado asociado tex2con el mundo doméstico y la creatividad de las mujeres en sus tareas de cuidado familiar. Como dice la artista y crítica feminista Janis Jefferis, “el trabajo textil se considera costoso en mano de obra, lento y esmerado y sin embargo, en un doble giro, se presenta y se devalúa como trabajo invisible de mujeres, no trabajo o tarea no productiva”.

Habitar la Belleza significa resignificar el arte textil, a través la recuperación de un arte ancestral pero explorando los materiales de manera inesperada, y a su vez resignificar el arte femenino afuera de las tareas domésticas, como herramienta para resignificarse a una misma y sentirse libre de expresarse.

Las artistas contemporáneas Lucía Álvarez, Analía Gaguin, María Elisa Luna, Nelly Sued, Cecilia Hecker, Nilda Carrizo, Rakel Bernie, Majo Perrosa, Magdalena Bertolini y Carmen Sánchez Sarmiento, son mujeres con perfiles artísticos y personales distintos, mujeres que se encontraron en el taller de Andrea Cavagnaro, donde a través de la experimentación libre de distintos materiales, aprendieron a romper con lo convencional y entregarse al arte con el espíritu de búsqueda de la niñez

Al entrar en la galería, quien visita se encuentra con un mundo encantado de colores y dimensiones, que se pueden observar, tocar, explorar, un mundo que despierta la ganas de darle otro uso a las manos, a los materiales que nos rodean todos los días.

Analía Gaguin explora nuevos territorios del color y de la línea a través el arte ancestral de pigmentación del vellón de lana, que aprendió de las mujeres bolivianas, y a través del bordado chino genera calados y rellenos como si fuera una escultura. Lucia Álvarez también trabaja el concepto de escultura textil, mezclando el bordado “free style” con la goma eva, generando colores que se hacen volúmenes, como si los hilos abrieran una tercera dimensión. Nelly Sued se inspira a las constelaciones para modelar el látex y el poliestireno en una estructura modular, que hace surgir ternura de un material aparentemente duro como el plástico. Cecilia Hecker también trabaja el látex y gomitas elásticas con las técnicas de bordado, sorprendiendo con un mundo infinito de posibilidades de formas. Nilda Carrizo teje hilos colorados de tanza con alambre, donde el lleno y el vacío se mezclan en una pintura tridimensional que cambia según la mirada. Rakel Bernie resignifica el nylon de medias femeninas en una forma floreal llena de colores, cocida con alambre y hilo. Majo Perrosa teje un mundo marino lleno de “tesoros” escondidos, a través de volúmenes que generan hebras que salen a 90 grados, incorporando bordado chino e inventando puntos uno distinto del otro. Magdalena Bertolini reinventa el crochet trabajando con puntos conocidos materiales nuevos como la tanza de acero, cables y alambres. Carmen Sánchez Sarmiento también recupera el arte del crochet, dando forma a objetos de arte contemporánea, pensados desde el dibujo.

-El arte es una forma de comunicar y de comunicarte. En este caso, recuperar y resinificar un arte ancestral relacionada con el ser mujer tiene un significado más profundo de experimentación en la auto-representación. ¿Qué significó para ustedes a nivel personal, como mujeres, conectarse con el arte textil desde un lugar nuevo de experimentación?

Analía Gaguin: Mi abuela era una gran modista y, cuando ella cosía en su taller, yo me perdía revisando las cajitas de hilos de colores. Cuando de adulta redescubrí el arte textil, me permití encontrarme conmigo niña, esta niña que volcaba la caja de botones y admiraba como mi abuela ponía perlitas en los vestidos de novia, haciéndolas parecer como princesas. A través del arte textil me pongo en relación con el arte desde un lugar más libre, porque se trata un lenguaje que me permite mirarme desde distintos lugares, libre porque no está tan vinculado con la academia. Definitivamente para mí significa reconectarme con lo primario de lo femenino y de mi niña interior.

Ntex1elly Sued: Tengo una familia numerosa, tengo cuatro hijos y en mi casa hay siempre mucho ruido. Para mí el arte textil significó encontrar un espacio para mí, un momento para conectarme conmigo. Puedo lograr, en el mismo ruido de la casa, tener mi propio mundo interno. Con mi obra trato de transmitir que puede haber “un momento de pintarse uno”, que tenemos una paleta interna que podemos utilizar sanadoramente para expresarse disfrutando y también generar una reacción inesperada en el otro. Es una experiencia increíble, que uno ni siquiera la tiene planteada. Se trata de un mundo para formar día tras día.

Nilda Carrizo: Desde esta exploración con el material, he aprendido a regular mi auto-exigencia, a conectarme con los materiales desde otro lugar, desde lo sensorial, sin pensar en la obra que voy a hacer ni en que tiene que ser perfecta. He aprendido a romper con lo convencional y a sentirme libre, sin ningún tipo de limitación y así voy descubriéndome a mí misma. Siento una felicidad absoluta, que depende solo de mí. Acá en Argentina se había olvidado el arte textil, recién ahora se está descubriendo de nuevo. Hay técnicas que tenemos internalizadas en lo convencional, porque te lo enseñó tu abuela o tu mamá, y cuando las combinás con nuevos materiales, descubrís que podés hacer arte desde de forma distinta.

Majo Ferrosa: El hecho de trabajar el textil nos permite el enriquecimiento a través del acercamiento al otro. Muchas veces cuando en un taller la gente está pintando, haciendo una escultura o grabando, hay un clima de silencio, porque no podés charlar con el otro y trabajar al mismo tiempo. Al contrario, en un taller textil, cuando vos estás cosiendo, agujando, enrollando alambre, pegando un globo, podés conectarte con vos misma y al mismo tiempo compartir con el otro, enriquecerte con el otro. Es un momento chamánico, un momento sin tiempo. Empezás un camino que no sabés dónde puede ir y donde puede terminar. Nos conectamos con nuestro niño interior, con otros momentos vividos anteriormente. Cuando hago esto, yo pienso en los momentos compartidos con mi mamá cosiendo y en las charlas con mi abuela haciendo colchas de 2 metros por 2 metros de bordado chino, o en a mi otra abuela enseñándome a pegar botones, o a mis tías viejitas tejiendo. Yo antes pensaba que coser era para tener un resultado final, un vestido, un tapado. Ahora, gracias a los ojos de artista, veo que no. Hay mucho más para mirar y comunicar, una puntada puede abrirte el camino hacia el infinito. Se puede hacer arte con todo, hay muchos caminos para andar, porque nada está hecho, nada está armado. Lo que uno necesita es ganas de comunicar y las manos dispuestas.

Lucía Alvarez: El arte textil es lo mismo que cualquier gesto pictórico, la caja de agujas es como la caja de pinceles, la caja de hilos como la caja de colores. El “hacer” de la mujer del 2014, es lo de la mujer que no tiene tiempo de hacer un bordado perfecto, pero quiere volver a sentir el textil con los materiales que quiera. Con ésta muestra colectiva sentimos que el arte textil desbordó los trabajos de cada una en lo que hacía, pasó a ser una forma de vida: pensar en hebras, mezclar, fusionar, pegar, para llegar a una estructura textil nueva. Estamos restituyendo significado a algo que se estaba perdiendo, estamos volviendo a dar valor a las telas, a las máquinas para cocer, a los materiales, desde un lugar activo de revalorización de la mujer. Antes la mujer tejía en función de vestir su casa y a sus hijos. Ahora la mujer salió del hogar y se puede dedicar al arte textil desde el placer, no desde la obligación o el mandato.

Fotos: Chiara Boschiero.

Habitar la belleza puede verse en Mantras al Sur -Carranza 1668-, martes a viernes de 10.30 a 19.30 y los sábados de 15.30 a 18.30 hs. Hasta el 16 de enero 2014.

 

1 Comentario

  1. Marina Porrúa:

    Buenas tardes, en referencia al título de esta nota, qué quiere decir «mandato» para el que titula?
    Considero de gran ambigüedad el título. Pues el mandato cultural de tejer en la comunidad mapuche no necesariamente está ni estuvo excento del «placer»… Creo que, en términos generales, cuando se teje por mandato, es un mandato cultural por sobre todo. Justamente por mandato, la abuela, la madre, la hija, la nieta, como un mandato, transmitieron (y preservaron) el arte del tejido -y toda una simbología profunda- a los descendientes y, por fortuna, lo hicieron. Tenemos en el presente técnicas ancestrales vivas, pero más que eso, culturas, sistemas de signos y símbolos que sostienen la identidad de muchas comunidades. Aun haciendo una mirada más generalizada se podría decir (por la forma en que se plantea la nota) que hay una oposición entre tejer por placer y tejer por trabajo. También aquí creo que hay que poner sobre relieve el valor del tejido como medio de supervivencia productiva. Es muy interesante escuchar a las mujeres wichí, toba, collas, mapuches hablar del mandato del tejido, todo lo que conlleva este mandato histórico y cultural de hacer heredar a sus descencientes, a las comunidades, al mundo. No desaparecer, ser y estar vivos.

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