Sobreviviendo a las conmemoraciones religiosas impuestas

Gabriela Maturano, periodista de la Universidad Nacional de Cuyo de Mendoza, integrante de la red PAR y militante por un Estado laico, relata en este artículo las sensaciones de una familia cuya hija va desde hace cuatro años a las escuelas públicas de la provincia y debe celebrar los feriados religiosos aunque no sea católica.

maturanochiquita2Por Gabriela Maturano

COMUNICAR IGUALDAD- Nuestra pequeña hija fue introducida en el mundo de las diferencias muy tempranamente, y en contra de nuestra voluntad. Y fue la propia escuela pública la que decidió reemplazarnos en la tarea de responder sus preguntas acerca de las cosas del mundo.

Cuando cursaba el primer año en esa misma escuela pública, una maestra joven y simpática le enseñó a decir una oración antes de merendar, y nos dimos cuenta de esta situación cuando Lucía replicó la actividad en casa, juntando las manitos antes de tomar sus alimentos. Desde ese momento supimos que teníamos que dar una batalla que no estaba en nuestros planes, pero que era indispensable si queríamos hacer de Lucía una persona libre.

No fue fácil, porque no está en los planes de quienes adscriben a la religión católica que se discuta la presunta «naturalidad» de sus principios y su prerrogativa de obrar sobre otras personas sin siquiera preguntarles qué piensan. Notas, recomendaciones, razones, reflexiones… todos los recursos que tuvimos a mano,  los pusimos una y otra vez en juego. Todos menos la agresión.

En estos años tuvimos que idear estrategias para retirar a Lucía de la escuela cuando la religión se enseñoreaba en esos actos, que maestras y directoras al unísono insistían en ponerles el mote de efemérides históricas o cívicas de identidad regional, cuando lo que nosotrxs veíamos era proselitismo religioso liso y llano.

Hace tiempo, cuando la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) de San Rafael presentó su primera queja contra la realización de actos religiosos en las escuelas públicas, y la misma fuera «cajoneada» en alguna oficina de la Dirección General de Escuelas, pensamos que ése iba a ser siempre el destino de cualquier  reclamo que se hiciera en defensa de los derechos de las minorías no católicas. No por ello claudicamos en la idea de difundir y militar la causa laicista en todos los ámbitos posibles, sabiendo que el derecho y la razón estaban de nuestro lado.

Pero la testaruda APDH de San Rafael volvió este año a cuestionar el calendario escolar que incluía las fechas en cuestión, no ya con una queja sino a través de una acción de amparo que parecía en principio destinada a engrosar las pilas de expedientes del Poder Judicial local. Por eso, la tarde del jueves 5 de setiembre nos encontró abrazadxs en el dormitorio de Lucía, celebrando casi hasta las lágrimas el llamado del Dr. Lombardi que nos confirmaba que una jueza de Mendoza le había dado la razón, no sólo a la APDH de San Rafael, sino también a ella, a nuestra pequeña y valiente hija, que en más de una oportunidad debió lidiar con las burlas de sus compañerxs, con la indiferencia de su escuela y con la amenaza de un infierno eterno, que quedaron reducidas a cenizas frente a las convicciones enormes de una niña de 10 años, que no se resignó a ocultar lo que pensaba.

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Marcha y amparo en la búsqueda de un Estado laico.

 

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