Las cartas sobre la mesa

Los argumentos de quienes defienden el abolicionismo son que las mujeres que promueven una mirada reglamentarista representan a una minoría de quienes están en situación de prostitución, explotadas y/o tratadas, y que la respuesta individual que solicitan no resuelve la problemática del sistema prostituyente, que tiene una estructura jerárquica de la que se sirven personas con más poder en la sociedad para sojuzgar a otras menos poderosas. Del otro lado, quienes promueven el reglamentarismo acusan al feminismo –alineado principalmente con la posición abolicionista- de un exceso de moralidad que reprime una sexualidad no ortodoxa, y de la hipocresía de defender las libres decisiones sobre el cuerpo cuando se habla de la legalización del aborto pero no en casos de prostitución.

Por Mariana Fernández Camachogillozano

COMUNICAR IGUALDAD- Cada moción tiene sus propios garantes y detractores, pero la idea de considerar a la prostitución como un trabajo no es bien recibida entre las tantas organizaciones que se autodeclaran abolicionistas y que, con mayor o menor vehemencia, desparraman amonestaciones. Así lo expresa la ex diputada nacional de la Coalición Cívica, Fernanda Gil Lozano: “Yo creo que Ammar es un grupo de mujeres de cierta edad que ahora se dedican ellas mismas a ser las intermediarias para la explotación de las más jóvenes. Yo no ayudaría a que nadie haga lo que nunca quiso hacer. Es decir, no puedo creer que haya una mujer que aliente la prostitución para su hija por ejemplo. En este país, las mujeres en situación de prostitución no están haciendo una acción punible, por ende pueden ser cuentapropistas o monotributistas para así tener jubilación y una serie de inserciones en el mercado laboral sin necesidad de avisar que se dedican a ser prostituidas”.

Lohana Berkinks también hace hincapié en la posibilidad de ser trabajadoras autónomas sin regular la prostitución como condición sine qua non: “Con el monotributo se puede ingresar a planes de vivienda, salud, educación y trabajo. Esto es algo que el Estado argentino está haciendo, y por primera vez sectores que históricamente fuimos marginalizados e ignorados hoy estamos generando una dialéctica. Entonces, crear el falso ilusionismo de que se van a conseguir derechos a través de este proyecto es absolutamente falaz. Además, estar en contra de la trata y no de la prostitución es también una falacia, porque se trata a una mujer, a una travesti o a una persona para prostituirla, es decir con fines de explotación sexual. La trata y la prostitución son dos caras de una misma moneda. Sin embargo, no soy afecta a ningún tipo de punición. Creo que en este país las leyes sobran y si algo hemos tenido son estados abusivos y represivos. Lo que sí me parece es que hay que ser claras en exigirle al Estado que profundice las políticas públicas”.

espejoMarcela Rodríguez suma su parte: “La postura de Ammar Nacional entiende a la prostitución como un acto individual de una mujer individual, con lo cual se mantiene un velo sobre los alcances del carácter sistemático e institucionalizado de la prostitución y de la mal llamada ‘industria del sexo’. Por el contrario, yo me refiero al sistema prostituyente o prostibulario. No hablo de un acto entre dos personas, un hecho aislado, singular, individual, sino de una estructura de poder, de un sistema de jerarquías del que se sirven miembros de un grupo con más poder en la sociedad sojuzgando a miembros de un grupo con menos poder en la sociedad. Todo ello socialmente institucionalizado, tolerado, amparado y utilizado por integrantes del sistema de salud, de educación, de las fuerzas de seguridad, de los poderes políticos y del servicio de administración de justicia. La visión de la prostitución como trabajo sexual tiene como consecuencia la ausencia de mayores cuestionamientos a la prostitución y al sistema prostituyente como institución”.

Pero del otro lado del mapa, Beatriz Espejo, militante trans y luchadora por los derechos de las trabajadoras del sexo, que fue representante del Consejo Municipal de Gays, Lesbianas y mujeres y hombres Transexuales –organismo integrante del Ayuntamiento de Barcelona- hasta 2009, y escribió el ensayo Manifiesto puta, se ocupa cada vez que puede de gritar a viva voz que el feminismo está perdiendo su vocación transformadora y emancipadora: “Las feministas quieren liberar a las prostitutas de la explotación que sufren, pero lo que rodri1realmente pretenden es librarse de nosotras porque nuestra existencia les recuerda que hay modelos de sexualidad diferentes al que ellas han elegido. Y eso, de algún modo, les hace sentirse inseguras y amenazadas. Vivimos en una sociedad en la que todo se comercializa y lo que no tiene sentido es que solo nos escandalicemos cuando lo que se ‘venden’ son servicios sexuales sin buscar una relación vinculante o estable. El rechazo que provoca la prostitución voluntaria se debe sobre todo a razones de índole moral, y siempre ha habido discursos invasivos y tutelares que no tienen en cuenta lo que piensan y demandan las principales implicadas, las putas, a las que a menudo se trata como menores de edad o personas sin capacidad de decisión. Por eso, les decimos a las abolicionistas y a sus aliados que las putas existimos y que no queremos que nadie se entrometa en lo que hacemos con nuestros cuerpos y con nuestras vidas. La sexualidad pertenece a los individuos y no a los estados o a las religiones. Somos nosotras quienes tenemos que decidir cómo queremos gestionarla«.

orell2La autonomía de los cuerpos es otro de los caballitos de batalla de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR) Nacional: “Se tienen que respetar las libertades individuales, porque nosotras decidimos sobre nuestros cuerpos. Sino, parece un doble discurso: ¿por qué se puede decidir libremente sobre el cuerpo para abortar pero no podemos decidir comercializar nuestros genitales?, interpela Georgina Orellano, de AMMAR Nacional.

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