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Pensar la reconstrucción incluyendo a las mujeres
La ciudad de La Plata fue el emblema, pocas semanas atrás, de la vulnerabilidad de enormes sectores de la población urbana frente al cambio climático que está generando lluvias desbordadas como la que anegó esa ciudad: casi 400 milímetros en pocas horas, el equivalente a lo que suele llover en un año o más. Al menos 50 personas fallecidas, mayormente ancianas. Pérdidas de todo tipo para más de 200 mil personas. ¿Cómo pueden abordarse las tareas de reconstrucción con perspectiva de género? ¿Qué aspectos deberán considerarse para que las necesidades de las mujeres no queden relegadas?
Por Gabriela Barcaglioni, desde La Plata
COMUNICAR IGUALDAD- El 2 de abril de 2013 quedará registrado como el día en que la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, quedó
sumergida bajo las aguas.
Ni la ciudad ni su población volverán a ser las mismas.
El proceso de reconstrucción será largo porque no se trata sólo de reparar o reponer lo material sino de recuperarse de las pérdidas humanas, del impacto emocional, de sentirse frágil en medio del abandono.
Según el Departamento de Sismología e Información Meteorológica de la Facultad de Astronomía de la Universidad Nacional de La Plata cayeron 392 milímetros de agua. En dos horas, entre las 17 y las 19, cayeron 225 milímetros.
Miles de personas divagaban por las calles tratando de llegar a destino, los autos quedaban varados o buscaban resguardo en las zonas más altas de las avenidas. Otras tantas trataban de sacar el agua de sus casas, subían el nivel de los muebles hasta que no se pudo más y debieron pedir auxilio o atarse a los árboles y rejas que encontraban en su huida.
Una denuncia penal contra el jefe comunal pide que se investigue, entre otras cosas, la lentitud con la cual fueron socorridas las personas inundadas.
Los relatos que como un letargo se repiten una y otras en distintos puntos de la ciudad hablan de la impotencia, del dolor y del miedo: los padres de una amiga flotaron toda la noche en la cocina de su casa protegidos por los salvavidas que habitualmente usaban para ir a pescar los fines de semana al río; otro amigo miraba un partido de fútbol cuando comenzó a llover, minutos más tarde al abrir la puerta de su casa una bocanada de líquido tibio lo cubrió hasta la cintura y lo echó a la calle que ya era un río.
Efectos y solidaridades al ritmo de las ausencias
Superada la emergencia que implicó nada más y nada menos que sobrevivir, las imágenes que aparecen una y otra vez pintan gestos solidarios en contraste con las miserias que afloraron entre quienes debieron prever, organizar y tomar decisiones frente a la intensidad del fenómeno natural.
Muchas personas, como el caso de Silvia y Guillermina, ayudan impulsadas por la necesidad que transmiten los rostros de las personas que todos los días hacen largas colas para recibir ropa, colchones, agua frente a la Catedral (uno de los centros de donación y distribución). Ellas cocinan en sus casas y se acercan hasta el lugar con un plato de comida caliente para las personas que lo han perdido todo.
En algunos lugares la ayuda llega con cuentagotas, los salvatajes y la primera asistencia corrieron por cuenta de los propios inundados/as, vecinos/as, organizaciones sociales y políticas.
Un grupo de jóvenes se apostaron durante horas en las puertas de los supermercados y le pedían a la gente cuando entraba que colaboraran con algún alimento no perecedero. De esta forma fueron llenando los carros que repartieron en los barrios afectados.
El intendente de La Plata, Pablo Bruera, que calificó la inundación del 2 de abril como “la peor tragedia” que sufrió la capital de la provincia de Buenos Aires desde su fundación y pidió perdón por el mensaje que en su cuenta de Twitter lo ubicaba trabajando en la emergencia cuando en realidad estaba en Brasil, desoyó un informe sobre la situación hidráulica de la ciudad que elaboró la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) en 2007. La investigación «Estudios hidrológicos – hidráulicos – ambientales en la Cuenca del Arroyo del Gato» recomendaba obras de infraestructura para evitar anegamientos. La respuesta fue la modificación del Código de Ordenamiento Urbano y las construcciones a la vera de los arroyos.
En medio de un tironeo judicial existen dos listas de víctimas fatales. El fiscal y el juez de Garantías que estaban de turno en la noche de la tragedia, Juan Cruz Condomí Alcorta y Guillermo Atencio respectivamente, confeccionaron la lista oficial que da cuenta de 52 víctimas fatales y 37 personas fallecidas en forma contemporánea” con la inundación, pero por causas no vinculadas al temporal.
El juez del fuero contencioso administrativo Luis Arias, ante una presentación del defensor oficial del fuero de Responsabilidad Juvenil Julián Axat -referida a la presunta existencia de muertes provocadas por la inundación que no figurarían en el registro oficial- inició una investigación que determinó que hubo hasta ahora 55 víctimas fatales. Arias fue inhabilitado para continuar la investigación.
No se trata de un dato meramente cuantitativo y agrega bronca a la sensación generalizada de que las autoridades no estuvieron a la altura de las
circunstancias. En las últimas horas en algunos de los barrios afectados se rearman las asambleas barriales –algunas con fuerte protagonismo en el 2001-como espacios de reunión, de encuentro, de definición de objetivos comunes, de reclamos consensuados. La iniciativa pone de manifiesto que los lazos sociales se fortalecieron frente a la adversidad y le pondrá su impronta a la reconstrucción que como proceso abre la posibilidad de incluir nuevos actores y demandas antes no contempladas.
Reconstrucción con perspectiva de género
Al momento de examinar la magnitud de los daños será importante relevar quienes vivían en las viviendas dañadas, cuántas niñas y niños no pudieron ir a la escuela porque estaba inundada, quién se hizo cargo del cuidado de las personas enfermas, de las/los adultos/as mayores.
Incorporar nuevas variables de análisis al momento de pensar no sólo en paliativos sino en políticas de desarrollo implicaría considerar cuántos de esos hogares tenían jefatura de familia femenina, cuál era el grado de inserción en el mercado laboral de sus integrantes, cuáles eran las estrategias de sostenimiento de la economía familiar y en quien descansaban. Determinar si las viviendas dañadas significan espacios de trabajo perdidos para las mujeres.
La intención no es solo describir un cuadro de situación sino administrar en función del mismo los recursos disponibles y facilitar por ejemplo el acceso a los beneficios anunciados en cuanto a créditos y subsidios por ejemplo. Esta tarea levaría a la práctica la recomendación que desde hace décadas realizan los organismos internacionales de transversalizar las políticas públicas y en este caso puntual las acciones de recuperación de la ciudad con la perspectiva de género. Sería una oportunidad y una posibilidad de pensar que las catástrofes naturales inciden de manera diferente sobre varones y mujeres, básicamente porque sus roles y sus lugares en la comunidad están perfectamente diferenciados y fueron asignados en virtud de esa diferencia, de esa construcción cultural denominada género.
Es comprobable que la vulnerabilidad de mujeres, niñas, niños y hombres varían según sus edades y factores socioeconómicos lo cual determina cómo enfrentan y viven los desastres naturales y con qué recursos cuentan para su recuperación.
Un rápido recorrido por los relatos mediáticos posteriores a la inundación, no sólo locales sino nacionales, ponía en primer plano a las voces y a las figuras masculinas. Fuentes autorizadas para hablar de lo sucedido, de lo que debió y de lo que debe hacerse.En tanto las historias en primera persona, las imágenes de las tareas de limpieza en las casas y las actitudes de cuidado hacia los/as niños/as eran protagonizadas por mujeres.
Resulta necesario incluir en pie de igualdad las voces de mujeres y hombres, sus necesidades y sus experiencia, en la reducción del riesgo de desastres y en la programación de la recuperación. Si no se contemplan necesidades, capacidades y experiencias en consideración del género se estará desaprovechando más del 50% de las voces y las vivencias de la población y será menos probable satisfacer las necesidades de la comunidad en su conjunto.