Mujeres sin fecha de vuelta

Flor se vino de Perú sola y confiada, Melina dejó Colombia para buscar nuevos caminos, Sandra estaba muy nerviosa el día que se bajó en Ezeiza de un avión procedente de Madrid. Las tres recuerdan su llegada a Buenos Aires, sin planes de regreso, el momento en que estrenaron su identidad de migrantes en Argentina.  Ana y Daba lo tienen muy reciente, llevan sólo unos meses acá, su castellano es escaso para describir lo que fue arribar a esta ciudad, tan distinta de Dakar, la capital de Senegal y su lugar de origen. Me contestan “Bien, bien, fácil”, intercambian algunas palabras en wolof, y otras risas universales  que me dicen que ellas también recuerdan vívidamente su primer día. ¿Cómo no acordarse del día en el que una cambia de vida? Argentina, que siempre ha sido un país al que las personas han migrado, y cuya modernidad se erigió con un cuarto de sangre migrante (en 1895 un 25% de la población era extranjera, la mayoría proveniente de países no limítrofes), hoy posee una población migrante de apenas 4,5%, de las cuales un 75% proviene de países limítrofes; naciones como Bolivia, Paraguay, Brasil, Chile o Uruguay cuyas colectividades son, según el INADI, centro de las prácticas discriminatorias y estigmas por parte de la ciudadanía argentina. Más del 50% de esas/os migrantes son mujeres.

Por Sarah Babiker y Belén Spinetta

COMUNICAR IGUALDAD- Sobre el derecho a migrar

Está en el Título 1, Capítulo 1, Artículo 4, de la Ley 25.871 de Migraciones. Un enunciado legal que ampara lo evidente: que las personas, desde siempre, como siempre, migran. “El derecho a la migración es esencial e inalienable de la persona”  asienta la norma promulgada en enero del 2004. Tan extraordinario es reconocer lo evidente que la ley devino en modelo a seguir, en un “ejemplo mundial”, en palabras de Brunson McKinley, quien era director general de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) cuando  en 2006 visitó la Argentina.

Bienvenidas sean las buenas leyes, y en este ámbito Argentina comenzó pronto, el mismo Preámbulo de la Constitución de 1853 señala que los objetivos  que se asentaban en la Carta Magna eran a beneficio de la ciudadanía argentina, su posteridad y  «para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino». Vinieron muchos, primero principalmente de ultramar, después sobretodo de los países limítrofes. Siguen llegando de ambas regiones.

Según el INDEC,  en 1895 de casi 4 millones de habitantes, un cuarto eran extranjeros. Más de 890.000 venían de países no limítrofes. 1960 es el año en el que se registra un mayor número de inmigrantes aunque con menos peso proporcional, de una población de veinte millones, dos millones seiscientos mil  habían nacido en el extranjero, menos de medio millón provenían de los países limítrofes. El último censo, el del 2010 muestra cuánto cambió esta realidad, con el doble de población, el número de extranjeros decreció hasta poco más de un millón ochocientos mil.  Alrededor de  medio millón vienen de países no limítrofes. No solo cambió el origen de las migraciones, en las últimas décadas la migración se feminizó. Mientras en 1980 sólo un tercio de las personas procedentes de los países limítrofes eran mujeres este número se elevó hasta casi el 60% en 2001 para caer a 54% en 2010. Brasileras, paraguayas, peruanas, chilenas, uruguayas y bolivianas, constituían aún más de la mitad de migrantes procedentes de sus países en 2010.

Las radicaciones son un proceso accesible para ciudadanas y ciudadanos del Mercosur y de los países asociados, tal como estableció el Plan Patria Grande. No es tan fácil para otras nacionalidades, quizás por ello Daba y Ana no me dejen sacarles una foto en su puesto de venta de Once, y al principio hasta se nieguen a ser grabadas.  Llegaron después del plan extraordinario de regulación que se habilitó en el primer semestre de 2013 para sus compatriotas. Acá estar en situación de irregularidad no supone lo mismo que en otras latitudes. Quienes migran desde África suelen padecer el cierre de fronteras, la obligación de arriesgar su vida en el mar, y el retorno a sus tierras de origen, en una Europa hecha fortaleza. De ahí también viene Sandra, para quien, la dificultad para radicarse no tenía tanto que ver con el miedo como con sus posibilidades de concretar esa otra vida que había venido a armarse a Buenos Aires.

Si en 2004 quienes intentaron radicarse provenientes de España no llegaron a 200, en 2014 rozaron las 2000 personas. En cuanto a la inmigración senegalesa, entre 2004 y 2013 en torno a un centenar de personas obtuvieron la radicación, y gracias al plan de 2013 consiguieron regularizar su situación más de 3000. El incremento de ambas nacionalidades parece responder a una misma crisis, venir de un mismo espacio con más medidas para proteger sus fronteras que para recuperar una actividad económica que retenga a su propia población.

Desde que entró en vigor la nueva Ley de Migraciones,  iniciaron su radicación en el país más de dos millones trescientas mil personas extranjeras. Las instituciones celebran  la diversidad: las festividades son múltiples: está el Día del/la Inmigrante, la Fiesta de las Colectividades, y en CABA, el Programa Buenos Aires Celebra da espacio los fines de semana a diversos países. Algunos sábados o domingos la Avenida de Mayo se llena de puestecitos donde, tras hacer las colas de rigor, se pueden degustar gastronomías diversas, mientras se observa a agrupaciones folclóricas  ejecutar graciosamente coreografías del país de turno sobre un escenario.

Discriminación

Fuera de la ley, y de los festejos institucionales, hace más frío.  Buena cuenta de ello daba una nota publicada en el diario La Nación en diciembre de 2014, en la que la periodista refutaba, en diálogo con la OIM, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), y la Dirección Nacional de Migraciones (DNM), algunos de los mitos sobre la inmigración, a saber, su presunto carácter masivo, su relación con la delincuencia, su excesiva captación de recursos, o la acaparación de puestos de trabajo.  Los argumentos y las estadísticas abundaban en la nota, pero no eran suficientes para que en el espacio inferior afloraran comentarios exigiendo “Deportación para todos ya!”, afirmando “Hay gente vaga eso es todo!!” y denunciando “No pagan impuesto ni dan factura !!!! Cuando van a trabajar en casas de familia se hacen las finas y te afanan todo !!!!” .

Los migrantes son percibidos como el colectivo social central de las prácticas discriminatorias en torno a los prejuicios y estigmas  afirma el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) en su Mapa de la Discriminación de 2014.  Quienes migran de Perú y Bolivia son quienes están peor. “44% de los encuestados percibe al Otro, estigmatizado como una ‘amenaza’ en relación a las oportunidades laborales y un 27% respondió que ‘prefiere no convivir en el entorno del barrio con personas de distinta nacionalidad’.  Eso no es todo, 4 de cada 10 personas entrevistadas ven en las y los inmigrantes la causa de la escasez de turnos médicos y el 36% opina que Argentina debería ser  “sólo para los argentinos y se debería limitar el ingreso de personas migrantes”. Es decir, más de un tercio de un país construido sobre la inmigración piensa que las personas migrantes sobran. Y justo las de los pueblos de la Patria Grande son las peor recibidas.

Flor percibe en el país donde reside un imaginario colectivo que asume que el migrante  “vino porque le fue mal en su país”, “viene porque quiere lograr cosas que en su país no ha logrado o porque está en la última rueda del coche”.  Melina vive en carne propia los estereotipos sobre la mujer colombiana: “Que somos «fiesteras», «que mostramos mucho». Ana y Daba alcanzan a contarme que hay gente mala, con expresión de disgusto. Sandra está en otro lugar: es inmigrante europea, lo que en el imaginario local de la inmigración deseable la libera del estigma.

Mujeres

Como inmigrante europea, Sandra no sufre discriminación, como mujer es otra historia. Se muestra muy crítica con la sociedad local, donde siente más el machismo que en su país de origen, se refiere sobretodo al acoso en la calle. Al piropo que la saca de sus casillas. Y a lo que le cuesta que su postura sea tomada en cuenta en un espacio laboral muy masculino. Allá en Senegal era más tranquilo, consensuan Daba y Ana, acá te dicen cosas. Y no especifican mucho más.

Flor, quien precisamente venía trabajando contra las violencias, se descubrió imprevistamente como víctima. Sufrió acoso y, sin red, sin recursos, vivenció la vulnerabilidad de la que antes había ayudado a salir a otras personas. Melina debe lidiar con ese estereotipo de las colombianas demasiado alegres.  Aparecen los machismos, las violencias de todas pero vividas en el desarraigo y con la mirada consciente, sensible, de quien no está en su casa y capta otras tonalidades de la experiencia.

Y sin embargo, como vemos en las historias de todas estas mujeres,  la red, el espacio propio, la casa se construye, desde la afinidad, las luchas comunes, las batallas cotidianas, el arte o la militancia. Y después del primer día, vienen muchos más, los días de una vida nueva.

Foto: Gentileza Flor.

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